Un fantasma recorre el Círculo Rojo

El fantasma del continuismo

El fantasma que recorre el Círculo Rojo por estos días es que gane Daniel Scioli en octubre, no lo dejen gobernar y, por ende, se profundice ineluctablemente “el modelo” y todos los problemas económicos que viene arrastrando la economía se agraven. Scioli estará maniatado por Carlos Zannini desde la presidencia del estratégico Senado, por La Cámpora desde el Congreso (y la cada vez más amplia administración pública) y por “La Jefa”, que lo condicionará desde el llano.

Atrapado en el medio de estos fórceps, Scioli no podría ensayar un cambio en la política económica y, temen los más pesimistas, el país se encaminaría a recorrer el derrotero venezolano. Pero esta visión merece ser puesta a prueba.

En primer lugar, Scioli aún no ganó y, en segundo lugar, todo indica que DOS tendrá más autonomía de la que se cree por éstos días. Veamos. Argentina es un país hiperpresidencialista y ocupar la Presidencia de la Nación no es un “cargo menor”, como dicen que dijo un famoso CEO. Quien ocupa el Poder Ejecutivo tiene facultades muy amplias para llevar (o, al menos, intentar) el barco al puerto deseado. Asimismo, todo indica que la amplia mayoría del actual Gabinete estará en el Congreso o en otros cargos a partir del 10-D. Es decir, Scioli podría nombrar a su propio Gabinete. La historia reciente muestra que el FpV siempre le impuso a DOS su vice (y, al menos a Gabriel Mariotto, logró integrarlo a la familia Scioli), pero le permitió armar sus propios equipos de trabajo y gobernar a su antojo.

La historia también nos enseña que el peronismo es verticalista y que el que gana, conduce.

El propio Scioli sabe, o debería, que los argentinos gustan de los presidentes fuertes (aunque no autoritarios) y, por lo tanto, deberá marcar la cancha diciendo ‘el Presidente soy yo’ si no quiere ser visto como un mero títere. Si el FpV lo condiciona, y así lo percibe el gran público, podría ser un bumerán para el propio kirchnerismo pues “la gente”, muy probablemente, se ponga del lado del Presidente electo. Al FpV le conviene dejar gobernar a Scioli. Mientras DOS no sacrifique las vacas sagradas de “el modelo” ni claudique en las conquistas de “la década ganada”, algo que el propio Scioli (con buen tino político) aseguró que no va a hacer, dispondrá de un amplio campo para ensayar un cambio en la política económica.

Asimismo, cambiar algunos rasgos de la política económica no es una opción que tendrá DOS sino una obligación, dicen muchos consultores y reconocen, sotto voce, algunos kirchneristas de paladar negro. Los desequilibrios macro se están acentuando a pasos agigantados y la economía está estancada desde finales de 2011. Si DOS quiere ser “el Presidente de la producción”, como él mismo dijo, deberá recuperar la coherencia macroeconómica.

Los asesores económicos de Scioli, con Miguel Bein y Rafael Perelmiter a la cabeza, lo saben. Reconocen que la economía está corta de dólares, que el tipo de cambio está atrasado, que las retenciones (y más aún con éstos precios internacionales) no tienen justificativo, que la inversión es insuficiente y que la política fiscal, principalmente por el peso que han adquirido los subsidios, se pasó de largo. De todos modos, no best online casino lo van a escuchar a DOS diciendo esto en la campaña. A lo sumo, dirá que se irán solucionando los problemas con “gradualismo”. Seguramente, esa palabra sea la regla del juego en 2016, y no “siga siga”.

Por supuesto, no debe descartarse una tensión en la relación entre Scioli y el FpV en caso de que el plan de acción sciolista tenga algún tufillo noventista, costos sociales o implique una claudicación de algunos de los logros de la década ganada. Allí podría originarse una crisis política. Scioli deberá ser lo suficientemente sagaz para no sacrificar las vacas sagradas kirchneristas (AUH, AA, YPF y otros símbolos litúrgicos) y aprovechar el campo de acción del que dispondrá. Aparecen, en el horizonte, algunos puntos que podrían tensionar el vínculo y derivar, en un extremo improbable, en una crisis política: Indec y holdouts. Una normalización del Indec implicaría aceptar que la pobreza es cuatro o cinco veces más grande de lo que dijo la Presidenta ante la FAO y pagarle a los holdouts implica cambiar dos leyes, es decir, ir al Congreso. Son cuestiones no menores y que contribuyen al buen funcionamiento de la economía: sin un Indec normalizado y un arreglo con los holdouts, la prognosis sobre el futuro económico no es muy alentadora.

En resumen, y yendo a contracorriente de la tesis dominante, creemos que Scioli será un presidente más autónomo del que se cree y que introducirá cambios en la política económica de modo gradual, como él cree. “Ni ajuste ni shock”, dijo en los últimos días. Si su plan servirá para sacar la economía a flote, es harina de otro costal. Para eso falta mucho y, como decíamos, aún le queda un gran desafío, el mayor de su vida, por delante: colgarse la banda.

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