El final del “veranito” y el escenario político

La estabilidad cambiaria podría resquebrajarse a medida que se acerquen los comicios

Desde finales de 2014 hay una especie de “veranito” en la economía: el dólar oficial se durmió, la brecha cambiaria se estabilizó y salió de las primeras planas, la confianza del consumidor sube según la medición mensual de la Universidad Torcuato Di Tella, las reservas han retomado una senda alcista, hay euforia financiera, la inflación está entregando registros de 2% (lejos del 4-5% mensual del primer trimestre de 2014), los salarios empiezan a pelearle a la inflación, la economía real parece encontrar un piso y los niveles de empleo están más estables que en 2014. Por supuesto, la economía arrastra y profundiza graves problemas pero la política logró ocultar su sintomatología. El “veranito”, como el verano, va a terminar algún día. La pregunta es cuándo y cómo. Al tratarse de un año electoral, la respuesta a la pregunta no es neutral. Veamos.

Este “veranito”, que apalanca las probabilidades electorales del FpV, podría terminar más temprano de lo previsto. “Esta dinámica puede persistir unas semanas más pero, hacia agosto, las cosas habrán de cambiar. Ese mes, con el resultado de las PASO a la vista, los tiempos se habrán de acelerar. Tanto por las especulaciones políticas si hay paridad entre los principales candidatos presidenciales, o por las económicas si alguno de ellos logró separarse en forma significativa del resto”, opina, seguro, Jorge Vasconcelos, desde el Ieral. Agrega: “En el tercer trimestre arrancará una transición movida, lo que hará que el comicio (octubre) se realice en medio de una pulseada intensa entre tasas de interés y tipo de cambio, con precios que buscarán anticiparse a una presunta devaluación y también con creciente complejidad en las cuestiones sociales, asociada al desempleo y a la proporción de población bajo la línea de pobreza. Todo esto en el marco de una región que ya toma medidas decididas para adecuarse al nuevo escenario internacional, incluido un replanteo del Mercosur, lo que agiganta la distancia con una Argentina que sigue marcando el paso en el mismo lugar”. Otro consultor, que solicita off the record, plantea que, al margen de la calma nominal del dólar oficial (que podría mantenerse hasta diciembre), la brecha cambiaria, sobre todo entre el oficial y el CCL, podría volver a las andadas si se empieza a plantear la posibilidad de un cambio en la política cambiaria a partir del 10D. “El camino no es tan llano como podría parecer de aquí a octubre”, sostiene. Asimismo, la liquidación de agrodólares tenderá a pausarse más temprano que tarde.

Quizás por el saboreo del fin de la pax cambiaria o por el fin de la tregua inflacionaria (en abril, los precios subieron 2,4% según el índice que elabora la Ciudad), se está registrando una conflictividad sindical en ascenso que complica la coordinación nominal que venía proyectando el equipo económico. Si las paritarias se descarrilan podrían derivar en renovadas presionas inflacionarias (también acicateadas por una emisión monetaria que vuelve a crecer a más del 30% interanual) o en una mayor conflictividad sindical si el Ministerio de Trabajo se niega a homologar los acuerdos que se vayan pactando.

Daniel Scioli y Mauricio Macri, los dos frontrunners de la contienda presidencial, miran con atención a un costado de la línea de cal. El primero necesita que el verano continúe y, el segundo, lo contrario. El guión no está escrito y en los próximos meses se sabrá de qué lado cae la moneda.

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