El ajuste en Brasil divide opiniones

Un escenario complejo

La principal economía regional está pasando un proceso de ajuste, y las opiniones sobre sus probabilidades de éxito están divididas. Los más optimistas plantean que el ajuste generará confianza en los mercados y esa confianza estimulará la inversión, que se convertiría en el nuevo driver de crecimiento. Asimismo, un real más débil ayudará a reanimar las exportaciones. Todo eso, dice el argumento, se lograría relativamente rápido. Sin embargo, son cada vez más los escépticos y los que creen que las cosas empeorarán bastante más antes de empezar a mostrar mejoras. Moody’s lanzó la alerta esta semana: a raíz de la caída del PIB y la suba en los costos de financiamiento, el ratio de deuda pública sobre el PIB crecerá este año y el próximo. Resultado: Brasil podría perder el investement grade. El FMI acaba de pasar por Brasil a hacer su revisión de la economía, estipulada por el artículo IV. Si bien le dio la bienvenida al ajuste, admitió que enfrenta riesgos. Uno de ellos es que el ajuste fiscal no llegue a materializarse. El equipo económico, capitaneado por Joaquim Levy, busca un superávit primario de 1,2% para 2015 y no menor a 2% en 2016 y 2017. Con un gasto público muy inflexible a la baja, y una recaudación debilitada por la recesión, no está claro que los targets fiscales puedan cumplirse. Asimismo, el FMI advierte que la sequía (y el consecuente racionamiento energético), así como un entorno global menos auspicioso, podrían conspirar contra el proceso de ajuste. “Brasil está en un lugar complicado”, admitió el FMI, y consideró que el país aún debe hacer varias “reformas estructurales”. La tasa de interés de referencia (Selic) sigue subiendo (en los últimos días, llegó a 13,75%) para limitar el impacto sobre los precios, que suben a más del 8% anual, de la depreciación y la liberación de las tarifas reguladas. Pero la suba también impacta sobre los costos financieros de las familias, que están fuertemente endeudadas y, por ende, sobre el consumo. La gran pregunta en Brasil parece ser cuánto más empeorarán las cosas antes de mejorar.

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