China, cada vez más cerca de la región

Reflexiones tras la visita de Li Keqiang

(Columna de Tomás Múgica)

La gira del primer ministro chino, Li Keqiang, marcó un nuevo hito en el proceso de expansión de la presencia china en América Latina y en particular en Sudamérica. Entre el 18 y el 26 de mayo, Li –el segundo hombre del Gobierno chino– visitó Brasil, Colombia, Perú y Chile, firmando múltiples acuerdos que buscan impulsar la inversión china en la región, especialmente en materia de infraestructura.

El proyecto estrella es el ferrocarril transcontinental que, de concretarse, conectará la costa Atlántica de Brasil con la costa del Pacífico en Perú, transportando soja, mineral de hierro y otras materias primas demandadas por China. Brasil, Perú y China acordaron realizar estudios de viabilidad para la construcción de la obra, cuyo costo se estima en US$ 10.000 millones.

Más allá de los matices propios de cada relación bilateral, China posee intereses similares en el conjunto de América Latina: el principal es asegurar el acceso a materias primas, energía y alimentos indispensables para su proceso de desarrollo. También entiende a la región como un mercado en expansión para sus manufacturas industriales y para la inversión directa por parte de empresas chinas que están en proceso de transnacionalización. El financiamiento para la construcción de infraestructura aporta al logro de ambos objetivos: contribuye a asegurar el flujo de alimentos y materias primas al tiempo que brinda un mercado para los bienes de capital y los servicios de construcción e ingeniería provistos por empresas chinas.

Durante su visita, Li no sólo repartió elogios, sino que también prometió dinero. Y mucho. Sobre todo en Brasil,dondeademás del ferrocarril bioceánico, el primer ministro y Dilma anunciaron la inversión de US$ 6.200 millones en Petrobras y la compra de 22 aviones de Embraer por US$ 1.100 millones, entre otros acuerdos. El otro punto alto del viaje fue Chile. Allí, además de diversos anuncios en materia de infraestructura –como la evaluación de proyectos para los corredores bioceánicos deAgua Negra, Las Leñas y Central– el punto más destacado fue el financiero: se establecerá en Chile el primer banco de la región con facultades para liquidar operaciones en yuanes. Con ello Chile busca convertirse en una plataforma financiera para la expansión de la moneda china en la región. Completando su ronda de buenas noticias, en la sede de la CEPAL, Li anunció el establecimiento del Fondo Especial para la Cooperación Industrial entre China y la región, al que China aportará US$ 30.000 millones.

Para los países latinoamericanos la importancia de China en términos económicos se ha incrementado muy significativamente desde principios de siglo. De acuerdo a datos de la CEPAL, el comercio entre China y Latinoamérica se ha incrementado 22 veces entre el 2000 y el 2014, alcanzando los US$ 269.000 millones. China ya es el segundo socio comercial de la región en su conjunto y en el caso de varios países, como Brasil y Chile, el primero. El comercio entre ambas regiones sigue un patrón de fuerte especialización: consiste en el intercambio de alimentos y materias primas –como soja, hierro, cobre y petróleo, que en conjunto representan el 75% de los envíos– exportados por los países latinoamericanos por manufacturas industriales exportadas por China.

China se ha convertido también en una importante fuente alternativa de financiamiento a los organismos internacionales de crédito y los mercados de capitales: entre 2005 y 2014 concedió créditos por US$ 119.000 millones a países de la región (Venezuela es el mayor deudor, con US$ 56.000 millones). Persiste, sin embargo, una deuda en materia de Inversión Extranjera Directa (IED): aún cuando se ha incrementado notablemente desde 2010, de acuerdo a datos de la CEPAL, la IED china en América Latina y el Caribe se sitúa en US$ 10.000 millones anuales, alrededor de un 5% del total de IED recibido por la región. La mayor parte de esas inversiones se concentran en la extracción de recursos naturales, fundamentalmente hidrocarburos. Justamente los acuerdos firmados durante la gira de Li se enmarcan dentro del objetivo fijado por Xi Jinping en ocasión de la cumbre China-CELAC en enero pasado: invertir US$ 250.000 millones en la región en los próximos diez años, es decir, un promedio anual de US$ 25.000 millones, ampliando y diversificando la inversión china.

La presencia de China en Sudamérica se intensifica. Ciertamente, los países de la región obtienen beneficios: oportunidades comerciales, desarrollo de su infraestructura, indispensable para mejorar la productividad de sus economías, inversiones. Los desafíos son conocidos: tal vez el que más se repite es el de diversificar e incrementar el valor agregado de las exportaciones hacia China, evitando la reprimarización de sus economías.

Sin embargo, el mayor desafío que enfrentan los países sudamericanos –pensemos en Sudamérica, ya que Latinoamérica no existe como unidad geopolítica– en su relación con China es de carácter político: hasta el momento se han mostrado incapaces de coordinar su acción externa para responder de manera conjunta a los desafíos planteados por el ascenso del país asiático. En otras palabras, la relación entre China y Sudamérica está “bilateralizada”: es una relación radial entre una gran potencia en ascenso y cada uno de los países de la región. Un tipo de relación que deja a los países sudamericanos, incluyendo a Brasil, en una posición de debilidad. Ya sea para negociar acceso a mercados o las condiciones para la construcción de una obra de infraestructura, por nombrar dos ejemplos habituales, cada país está solo frente a la segunda potencia económica mundial. No parece un escenario promisorio.

La coordinación política enfrenta obstáculos obvios: diferencias de poder y de desarrollo relativo, divergencias en cuanto al modelo de desarrollo –algunos países más liberales, otros más desarrollistas–, disputas históricas pendientes de solución. Pero también existen fuertes intereses comunesy algunas instituciones que pueden brindar un marco a la acción política conjunta, como es el caso de UNASUR y MERCOSUR. Se trata de identificar proyectos concretos y proponer respuestas conjuntas. Ello requiere imaginación y voluntad políticas, para diseñar una estrategia regional respecto a China. Difícil, pero no imposible.

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