¿Cómo bajar la inflación en 2016?

El plan debería mezclar ortodoxia con heterodoxia

Una de las principales prioridades del próximo Gobierno será diseñar una estrategia consistente para bajar la inflación”, sostiene el consultor Federico Muñoz. Coinciden desde Empiria: “El primer paso para encarar la herencia que recibirá el próximo Gobierno es reconocer y atacar el problema inflacionario, como base para poder encarar el problema del atraso cambiario”.

Pero el nuevo Gobierno, si decide poner proa en ese objetivo, como todo indica que lo hará, no podrá contar con las anclas tarifarias y cambiarias, vitales en la desaceleración inflacionaria registrada entre 2014 y 2015. “Estas dos variables ya están demasiado retrasadas y –sea con ajustes graduales o de shock– deberán crecer por encima de la inflación. La imposibilidad de recurrir a estas anclas, sin dudas, complicará el esfuerzo estabilizador”, explica Muñoz.

También lo admiten en Enpiria: “Aún teniendo en cuenta una eventual mayor inflación en el 2016 (por ajustes de tarifas y del tipo de cambio), luego habrá que encarar un programa de reducción gradual pero persistente de la inflación”.

¿Entonces?

Se precisará un plan integral, sostiene Muñoz. Para empezar, dice, será clave una política monetaria muy astringente. “A tal efecto, se necesitará un nuevo banquero central que se comprometa con el objetivo de la recuperación de la estabilidad de precios; que modere sensiblemente el ritmo de crecimiento de los agregados monetarios y que defienda al Peso con tasas de interés más altas, superiores a la inflación”, sostiene el consultor. “Para que el ajuste monetario resulte creíble, será necesario además un fuerte esfuerzo de austeridad fiscal que reduzca drásticamente el financiamiento del BCRA al Fisco. No bastará con recurrir a los mercados externos de crédito. Si no se reduce rápido el déficit fiscal, el feroz ritmo de endeudamiento también se tornará desestabilizador”, explica Muñoz.

Además “de una mayor prudencia monetaria y fiscal”, el nuevo Gobierno deberá acudir a medicinas típicas del botiquín heterodoxo. “El plan de estabilización podría (en rigor, debería) apelar también a recursos heterodoxos. Nos referimos puntualmente a la convocatoria a un amplio acuerdo de precios y salarios que coordine expectativas desinflacionarias. Esta tarea de coordinación es clave para quebrar la inflación inercial; es decir, los mecanismos transmisores y perpetuatorios del proceso inflacionario que han hecho que éste se escinda de sus causas originales y cobre vida propia. Para romper con esta dinámica autorregresiva, las autoridades deberán convencer a la sociedad de que comienza una nueva etapa, en la que no se puede seguir tomando a la inflación pasada como referencia en la formación de precios”, escribió en su último informe. Acaso sin saberlo, explica Muñoz, Hugo Moyano (“Cuando le pongan techo a la inflación, le vamos a poner techo a las paritarias”, dijo el líder camionero) “acaba de ilustrar con elocuencia el rol clave que le cabe a esta tarea de coordinación”.

La próxima conducción económica, añade Muñoz, “no sólo deberá contar con sólidas credenciales técnicas, necesarias para diseñar las soluciones a los complejos desequilibrios macro de la actual coyuntura. También deberá demostrar cintura política y pericia negociadora para poder conducir con éxito la tarea de coordinación de expectativas; una faena crucial si se aspira a tener éxito en la batalla contra la inflación”. De la existencia, y el éxito, de tal plan dependerá que la suba de precios, estimulada por el ajuste tarifario y cambiario que muchos juzgan inevitable en 2016, dependerá que la inflación no vuelve a subir y se ubique en andariveles más sanos.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *