Una región rezagada

América Latina y otros emergentes

El FMI y la Cepal coinciden: América Latina crecerá muy poco en 2015. Para el organismo con sede en Washington, el PIB regional se expandirá apenas 0,9% mientras que el organismo con sede en Santiago de Chile espera un alza de 1%. “Con la excepción de la breve recesión registrada durante la crisis financiera mundial, esta será la menor tasa de crecimiento desde 2002”, dice Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. En su conjunto, las economías emergentes y en desarrollo se expandirán 4,3% y 4,7% en 2015 y 2016, respectivamente, según el FMI. Es decir, crecerán más de cuatro veces más que América Latina. Africa subsahariana crecerá 4,5% y 5,1% y las economías emergentes y en desarrollo de Asia, 6,6% y 6,4% en 2015 y 2016, respectivamente. Incluso las economías emergentes y en desarrollo de Europa crecerán más que América Latina: 2,9% y 3,2%, respectivamente. También Oriente Medio, el norte de Africa, Afganistán y Pakistán, que registrarán tasas de crecimiento de 2,9% y 3,8%, respectivamente. El panorama es aún más lúgubre si se separa América Latina y el Caribe en subregiones. Allí, América del Sur se lleva la peor parte, pues se contraerá 0,2% este año debido, principalmente, a la caída proyectada en el PIB de tres de las economías más grandes del subcontinente: Brasil, Argentina y Venezuela. “Si bien la primavera parece estar en el aire en México, América Central y algunos países de la región del Caribe, el clima económico sigue siendo muy frío en gran parte de América del Sur”, explica Werner. Pero no son todas malas noticias en este rincón del mundo: “Por el lado positivo, el crecimiento debería repuntar en Chile y Perú, impulsado por políticas fiscales y monetarias de apoyo que reflejan los sólidos marcos macroeconómicos y márgenes de maniobra de política económica establecidos en las buenas épocas”, explica Werner. “En los demás países, las perspectivas dependen de la naturaleza de los shocks externos a los que se enfrentan –en Uruguay, por ejemplo, los términos de intercambio han mejorado recientemente, dado que las ganancias generadas por el abaratamiento del petróleo han contrarrestado las pérdidas derivadas de la caída de los precios de las exportaciones agrícolas– y de su capacidad de ajuste”, sostiene agrega que “la flexibilidad cambiaria podría ser fundamental para facilitar el ajuste”.

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