Levantar el techo

La construcción encontró un piso pero su techo es muy bajo

(Columna de Claudio Caprarulo, economista de Analytica)

Desde mitad del año pasado la construcción muestra señales de recuperación. En agosto de 2014 parece haber encontrado su piso. El mayor incentivo es la caída en los costos del sector medidos en dólares, principalmente gracias a la fuerte devaluación de enero de 2014, ya que la caída del salario real y el limitado acceso a préstamos hipotecarios limitan el impulso del sector desde el lado de la demanda.

Veamos. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) que elabora el INDEC muestra a febrero (último dato disponible) seis meses consecutivos de crecimiento a una tasa promedio del 3,4%. En consecuencia, el nivel alcanzado en el primer bimestre del año es el más alto de la década. Distintos indicadores del sector muestran que en marzo la tendencia se mantuvo. Por caso, los despachos de cemento crecieron 7,6% en marzo, promediando un aumento del 6,9% durante el primer trimestre.

La oferta está traccionando al sector. La devaluación de 23% a principios de 2014 disminuyó fuertemente el costo de la construcción medido en dólares. Así aumentó la rentabilidad, puesto que mientras las ventas se siguen realizando en dólares, los costos, principalmente la mano de obra, se calculan en pesos. Si bien desde que el Gobierno planchó el tipo de cambio los costos dejaron de caer, en el primer trimestre del año fueron 8% menores que en igual período de 2013.

En un contexto de alta inflación y limitación a la remisión de utilidades la construcción sigue siendo reserva de valor, canalizando parte del ahorro del sector ABC1 y de las empresas. Sólo así se puede entender cierta recuperación considerando que la demanda sigue en caída. Durante el primer bimestre las escrituras en la ciudad de Buenos Aires se redujeron 17% interanual, la misma retracción mensual que promediaron durante los últimos dos años y medio.

Sin embargo, la necesidad de inversiones en infraestructura y el déficit habitacional muestran que las potencialidades de la construcción son aún muy grandes. Por caso, el desarrollo de Vaca Muerta ya está traccionando, y desde mayo de 2014 las construcciones petroleras crecen al 17% mensual.

Por otro lado, el déficit habitacional que aún existe es un indicador de que la construcción para vivienda tiene un largo camino por recorrer. Si bien el ProCreAr es parte de la solución, no es suficiente. Se sortearon créditos para que 375.000 familias sean propietarias, quedando aún 2,7 millones de hogares en condición de alquiler según cifras del último Censo. A su vez, su penetración en los centros urbanos fue casi nulo ya que se otorgaron por sorteo sólo 20.000 créditos para viviendas terminadas –se inscribieron más de 85.000 personas–.

Así las cosas, sin la aparición de líneas de créditos hipotecarios de acceso masivo, tanto de la banca pública como privada, que atiendan las diferentes necesidades de la población, el sector de la construcción no podrá explotar toda su potencialidad. En Argentina, los préstamos hipotecarios tienen nula gravitación, representan apenas 1% del PIB, aun menos que en 2012 (1,3%); en los países desarrollados representa más del 50% mientras por caso en otros países de la región como Brasil llega al 8%. Por caso, si el próximo gobierno se decidiese a alcanzar un porcentaje similar al del país vecino, se volcarían en los próximos cuatro años cerca de USD 30.000 M a la economía.

En conclusión, la construcción encontró un piso pero, al mismo tiempo, de continuar limitado el acceso al crédito a los sectores medios y bajos, su techo es muy bajo.

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