El comercio impide la recuperación

La estrategia oficial es equilibrar el mercado por medio de la administración del comercio y no sacrificar reservas

(Columna de Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit)

El bajo ingreso de dólares mantiene activos los controles e impide reactivar la economía. Limitadas las reservas, el creciente goteo de divisas por canales financieros obliga al Gobierno a sostener las barreras comerciales para equilibrar el frente cambiario. Más allá de los acuerdos con China, el comercio es la única fuente genuina de divisas, y con las exportaciones en baja el ingreso de importaciones se mantuvo acotado. De cara a los próximos meses, la performance comercial y el ritmo al cual se liquiden las exportaciones serán cruciales para analizar el rumbo de la economía.

Las exportaciones continúan en caída libre. Por decimosexto mes consecutivo, las ventas al exterior disminuyeron en febrero. Este pobre dinamismo será una constante a lo largo de este año, por varias cuestiones. En primer lugar, debido a la débil demanda externa. Según diversas proyecciones, dos de los cuatro principales socios comerciales del país (Brasil y la Unión Europea) tendrán problemas de crecimiento en 2015, mientras que un tercero (China) crecerá a la tasa más baja de los últimos veinte años. Sólo la economía de Estados Unidos se expandirá con más ímpetu, pero se trata de un destino que absorbe 5% de las exportaciones. El resto de Latinoamérica, que en términos agregados es un mercado importante (más de 15% del total), amortiguaría algo el impacto, puesto que las perspectivas son más favorables.

La baja de los precios internacionales es otro factor negativo. Si bien se mantienen relativamente estables desde hace algunos meses, la cotización de las commodities agrícolas se encuentra en un nivel más bajo que tiempo atrás. Es cierto que la caída del petróleo favorece a un país importador neto de energía, pero ello no alcanza como para sostener los términos del intercambio. Traducido, esto implica que el comercio dejará menos dólares.

Tampoco deben descartarse los efectos de la sostenida apreciación cambiaria. La relativa estabilidad del tipo de cambio oficial frente a una inflación que, aunque más moderada, no cede, se complementa con el fortalecimiento del dólar a nivel global. Como resultado, la competitividad tocó su nivel más bajo desde 2001. Si bien resulta difícil precisarlo con exactitud, la sobrevaluación hoy rondaría el 25-30%, con un fuerte efecto sobre las economías regionales. Además, este grado de desalineamiento alimenta la especulación. Cuánto más profunda la sobrevaluación cambiaria, más fuerza adquieren las expectativas de devaluación. Y ello implica más demanda y menos oferta de divisas, lo cual tiende a convalidar las presiones cambiarias.

Como un mecanismo de ajuste, las importaciones acompañaron la caída de las ventas externas. Las reducciones más fuertes se registraron en la compra de combustibles y de vehículos, producto de los menores precios internacionales en el primer caso y de la continuidad de la recesión en el segundo. De todas maneras, a diferencia de lo que ocurría meses atrás, los motivos cambiarios parecen ubicarse por encima del factor recesivo a la hora de explicar las causas de esta dinámica. La negativa del BCRA para que los importadores puedan acceder a divisas dejó en evidencia la estrategia oficial: equilibrar el mercado a través de la administración del comercio antes que sacrificar reservas.

La flexibilización del comercio resulta clave para la estrategia electoral. Puesto que las trabas deprimen la economía, su reducción impulsaría el nivel de actividad y ayudaría con la inflación, lo cual daría alentaría las candidaturas del espacio oficialista. Pero ello depende de la disponibilidad de divisas. En este sentido, el nuevo capítulo en la saga de la deuda agrega una cuota de incertidumbre respecto a la posibilidad de conseguir crédito externo. A lo cual se suma la especulación del sector agropecuario respecto a la liquidación de las divisas procedentes de las exportaciones. En suma, parece temprano para saber cuál será el derrotero de la economía (y la política) argentina. Mejor, esperar y ver.

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