Continúa el debate en torno a cómo salir del cepo cambiario

Los economistas continúan planteando sus propuestas para abandonar las restricciones cambiarias

Todos quieren salir del cepo cambiario, y nadie quiere morir en el intento. Levantar las restricciones cambiarias, en un contexto de escasez agravada de dólares, no será fácil y, por eso, importan el “cómo” hacerlo. Levantar, sin más, las restricciones de un día para el otro, como sugirió un candidato presidencial, puede ser un factor de turbulencias más que de certezas. Retomando el debate planteado en estas páginas la semana anterior, sumaron sus opiniones Miguel Kiguel y Orlando Ferreres.

“Mientras se mantenga el cepo al dólar, o sea los controles cambiarios, es difícil pensar que la economía argentina atraiga inversiones y genere crecimiento y empleo. Sin embargo, levantarlo representa todo un desafío ya que para hacerlo es necesario contar con un stock de reservas razonable y tener un tipo de cambio de equilibrio. El gran temor es que inicialmente haya una fuerte depreciación del peso (el famoso overshooting), que la misma se traslade a precios y que se genere un nuevo espiral de precios, salarios y tipo de cambio”, contextualiza Kiguel, titular de EconViews.

Según Kiguel, debe haber una devaluación (“a la larga no va a quedar otra opción que sincerar el atraso cambiario, y cuánto antes se haga, mejor”) y, a la par, “un programa económico que sirva para anclar las expectativas del dólar y que genere confianza para atraer inversiones”. Aboga, como buena parte de la profesión, por una salida gradual: “¿Se puede levantar el cepo rápidamente? Ciertamente no se puede al tipo de cambio actual ya que no alcanzarían las reservas del Banco Central para atender las ventas de dólares; lo que implica que para hacerlo habrá que tener un tipo de cambio realista y que permita equilibrar las cuentas externas. Esta es la parte más difícil y más riesgosa de eliminar el cepo, especialmente porque inicialmente las presiones sobre el tipo de cambio pueden a llegar a ser importantes si se regularizan los atrasos en los pagos de importaciones (unos US$ 5.000 millones) y de los dividendos que no han sido girados al exterior (unos US$ 10.000 millones)”. Según Kiguel, “los que temen hacerlo es justamente porque les preocupan las presiones cambiarias iniciales que surgirían debido al atraso cambiario y a la demanda reprimida de dó- lares que existe. Esas presiones pueden ser dominadas si se logra una fuerte entrada de capitales que ayude a reforzar las reservas internacionales, si se genera confianza en el peso con tasas de interés atractivas, y si se buscan mecanismos para diferir a lo largo del tiempo los atrasos que se generaron en pagos de dividendos, regalías e importaciones (tal vez con la opción de emitir un bono para enfrentar este problema)”.

Como propuso Daniel Glatsetin hace unas semanas en El Economista, Kiguel tampoco descarta establecer un desdoblamiento cambiario para pasar hacer la transición del actual esquema a uno sin cepo. “En ese sistema habría un tipo de cambio comercial que seguiría manejado por el Banco Central (como el tipo de cambio oficial hoy en día) con una regla de flotación administrada o crawling peg, que sería relevante para fijar el precio de los bienes que se importan y exportan, y otro tipo de cambio financiero, que sería flexible y que se usaría para pagar deuda, ingresar capitales, para el turismo, compras en el exterior y para ahorro”, remata Kiguel y dice que “mientras se mantenga el cepo al dólar, o sea los controles cambiarios, es difícil pensar que la economía argentina atraiga inversiones y genere crecimiento y empleo”. Según el titular de EconViews, un sistema de tipo de cambio dual tendría la ventaja de que el grueso de la depreciación inicial se sentiría en el dólar financiero, y que se podría limitar el impacto sobre el tipo de cambio comercial y sobre los precios. “Si bien es cierto que rápidamente se generarían trasvasamientos entre los dos mercados, se puede pensar este sistema como una solución transitoria que funcionaría por unos meses para limitar los efectos del overshooting sobre los precios”, añade.

Por su parte, Ferreres no ahondó en el “cómo” salir del cepo (se limita a decir que “es recomendable que no sea una medida aislada, sino un plan integral que recupere la confianza de los inversores y de la población” y que “es una buena medida, aunque difícil de implementar”), pero lo da casi como un hecho. “Quedan pocos meses de vigencia del cepo cambiario. Dos de los posibles candidatos a conducir el país así lo han anunciado (…) Uno de los candidatos a Presidente dijo que si gana eliminará el cepo apenas asuma y otro dijo que en caso de ganar lo haría en los cien primeros días de gobierno. Es casi lo mismo. El tercer candidato (Nota del redactor: se refiere a Daniel Scioli) no ha dicho nada al respecto, pero, de ganar, se verá en la necesidad de hacerlo también si quiere lograr ocupación formal para toda la población, es decir, que se realicen inversiones importantes en fábricas, infraestructura y servicios, que son la única verdad de la ocupación productiva. La ocupación depende de fuertes dosis de inversión, lo que responde a la confianza. Con cepo hay desconfianza, lo opuesto a lo que necesitamos”, escribió en La Nación. Esa expectativa puede complicar al Gobierno en los últimos meses: “Será muy difícil para muchos inversores mantenerse en pesos en los últimos meses del año sabiendo que es probable la salida del cepo cambiario, con sus consecuencias esperables, que no es necesario describir pues todos ya saben que pasa al salir de estos controles. Además, en el sistema financiero hay muchos pesos, una cantidad impresionante, que van a querer cubrirse de la probable licuación”.

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