¿Hay una parálisis en el mercado laboral?

El Gobierno que venga heredará un mercado laboral con varios desafíos

(Columna de Florencia Barreiro)

La situación del mercado laboral parecería no ser tan alarmante. Por lo menos, el pró- ximo Gobierno no recibiría un escenario de destrucción generalizada de empleo a pesar del contexto recesivo. De todas maneras, algunos analistas ponen el acento en una herencia poco favorable, que a la larga puede ser un lastre: estancamiento de la generación de empleo privado registrado, aumento del empleo público y pérdida de calidad del trabajo se convierten en un combo que plantea desafíos.“El desempleo es un problema que está escondido detrás de la alta tasa de inactividad laboral”, explica Jorge Colina de Idesa. “Si bien la tasa de desempleo es de un dígito, preocupa la caída en la proporción de gente que busca trabajo”.

Los últimos números del Indec muestran que el desempleo se ubicó en el último trimestre del año pasado en 6,9%, frente al 6,4% del mismo período del año anterior. Pero también se observa una caída del nivel de empleo de 42,7% a 42,1%.

Según Idesa, en 2014 la mayor parte del crecimiento de la población en edad de trabajar permaneció en la inactividad o se insertó como empleado público. Del total del aumento de la cantidad de personas que vive en los centros urbanos de todo el país y tienen entre veinte años y la edad jubilatoria se observa que entre los años 2013 y 2014:

El 66% fue aumento de la inactividad laboral, es decir, personas que no trabajan ni buscan trabajo.

El 9% fue aumento de los desempleados, es decir, personas que buscan trabajo pero no lo encuentran.

Un 25% fue aumento de la ocupación de los cuales ocho de cada diez de los nuevos empleos generados en el año 2014 fueron en el Estado. Actualmente 16% de los trabajadores tienen un empleo estatal, un porcentaje superior a Uruguay, Brasil y Chile.

Más precario

En paralelo al crecimiento del empleo público se evidenció un incremento de la precariedad laboral. El cuentapropismo informal creció considerablemente para poder sostener la pérdida de puestos de trabajo de los privados o la reducción de horas trabajadas.

Según un último informe de la UIA, los trabajadores independientes informales son cerca de 2,4 millones. Y entre desocupados y trabajadores informales, suman 8,5 millones de personas en situación de vulnerabilidad laboral, sobre una Población Económicamente Activa (PEA) de 19 millones.

Para los economistas, la mejora de las condiciones laborales vendrá principalmente de la parte de una reactivación de la actividad y de la mejora de la estabilidad laboral. El desafío estaría en volver a activar las oportunidades de trabajo, principalmente para que los segundos generadores de ingresos de los hogares –como mujeres y jóvenes- salgan a buscarlo. Claro que si se demora la senda del crecimiento, la pérdida de calidad del empleo puede convertirse en destrucción de puestos de trabajo.

“Mejorar el desempeño del sistema educativo, reducir impuestos al trabajo, eliminar burocracia y litigiosidad laboral, y rediseñar los programas asistenciales para inducir a la búsqueda de empleo forman parte de la agenda extremadamente desafiante que le espera al Gobierno que vendrá”, afirma Colina.

Privados congelados

Frente a cierto dinamismo de la Administración Pública, en el sector privado prima el congelamiento de los proyectos de contratación desde hace tiempo. “Las empresas no están tomando gente”, es una de las frases más escuchadas. Y a pesar de que hay cierta mejoría en las perspectivas de contratación, la dinámica que se impone es la de mantener el statu quo.

Según la encuesta más reciente de la consultora Manpower, 9% de los empleadores espera incrementar sus dotaciones en el segundo trimestre, mientras que 3% pronostica un descenso. Por lo tanto, la expectativa neta de empleo se ubica en +6%. Pero el dato que más llama la atención es que cerca de 88% no prevé cambios, uno de los porcentajes más altos de los últimos años.

“No estamos viendo desvinculaciones o grandes achiques de nómina”, asegura Fernando Podestá, director de Manpower. “Pero las empresas están adoptando medidas de cautela y prudencia, siempre tratando de cuidar el staff propio y el talento”.

María Laura Cali, de Sel Consultores confirma que este será un año de stand by en materia laboral. “No hay una expectativa de generación abierta de empleo. Tampoco recortes abruptos. La actitud que prevalece entre los empresarios es de espera, con el objetivo principal de mantener el plantel y a sus empleados más valiosos”.

Si bien no son elevadas las posibilidades de perder el puesto de trabajo, a diferencia de años anteriores, la voluntad de reducir las dotaciones se extiende en casi todos los sectores y en todas las categorías de la organización. El sector productivo es el más afectado por la fuerte caída del nivel de actividad industrial pero ahora la tendencia es transversal, asegura Cali. Lo mismo ocurre cuando se tienen en cuenta las categorías: el ajuste afecta tanto al operario –que fue el que primero sintió el impacto- como al gerente general.

El informe de Manpower muestra que la principal luz de alarma se enciende, sin embargo, en el sector de agricultura y pesca. “Esta es una actividad que en las economías regionales es motor de otros sectores y a la larga puede repercutir en algunos segmentos del comercio y los servicios”, pronostica Podestá. En tanto, las mejores perspectivas de empleo se evidencian en minería y construcción. Podestá explica que son sectores que tienen proyectos a más largo plazo y que, por lo tanto, las perspectivas optimistas van más allá de la coyuntura.

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