¿Hacia dónde apuntan los negocios con Rusia?

La relación comercial y de negocios con el gigante ruso es muy pobre y poco diversificada

(Columna de Florencia Barreiro)

Uno de los principales acuerdos confirmados en la visita de Cristina Kirchner a Rusia fue, sin duda, la cooperación entre la estatal Nucleoeléctrica Argentina y la rusa Rosatom para la construcción de la sexta central nuclear del país. Asimismo, se destacó el acercamiento entre YPF y la gigante Gazprom para explorar Vaca Muerta. En cambio, pocos recordarán que también viajó una reducida comitiva de empresarios que trató de aprovechar el viaje presidencial para afianzar sus negocios en un mercado de por sí muy complejo.

Los especialistas aseguran que la actual estrategia del Gobierno se enmarca en una coyuntura especial para la llegada de dólares e inversiones a la Argentina. Al igual que con China, la Argentina busca alianzas políticas para recibir inversiones de empresas públicas o que tienen un fuerte componente estatal. En el caso ruso, el acercamiento es decididamente estratégico y encaja a la perfección con las necesidades de inversión locales en materia energética, de combustible y petróleo.

“No son muchos los países a los cuales nosotros podemos ir a pedir inversiones”, afirma Marcelo Elizondo, de la consultora DNI. “No es casualidad que la Argentina recurra a China o Rusia, países que, a diferencia de los países occidentales, no le dan tanta importancia a los estándares de calificación”.

Según el economista, la actual situación del país desestima la posibilidad de atraer muchas inversiones del sector privado internacional: el conflicto con los holdouts, los juicios pendientes con el CIADI o la Organización Mundial de Comercio (OMC) y las inconsistencias con el artículo 4 del FMI, que prevé la supervisión de las políticas monetarias y del tipo de cambio de los países miembros, complican el panorama.

Comercio restringido

Hay coincidencia en que el eje del acercamiento bilateral no tuvo relación con el comercio. Y en realidad, el contexto no ayudó para que así sea. La abrupta devaluación del rublo en diciembre pasado, la caída del precio del gas y del petróleo sumaron presión a la capacidad de compra del gigante ruso.

“El mercado ruso recién ahora se está asomando a retomar algo de ritmo después de la devaluación de fines del año pasado”, asegura Matías García Tuñón, coordinador de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Rusa (Caciar). “Las compras habituales se mantienen pero no hay perspectivas a corto plazo para nuevos negocios”.

A pesar de esto, en la cámara aseguran que no se registraron facturas impagas y que las demoras en el pago no afectaron demasiado a los clientes. Los empresarios argentinos trabajan principalmente con el prepago y exigen el pago por adelantado de la mercadería. Esta modalidad, que dificulta la concreción de algunos negocios, esta vez los favoreció.

El actual “parate” contrasta con el boom de compras que hubo entre agosto y diciembre, cuando Rusia reorientó sus importaciones y amplió las compras a América Latina, en el marco de las restricciones impuestas a los alimentos provenientes de Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia y Noruega. En ese momento, se movieron fuerte las solicitudes de carne vacuna, pescado, pollo y lácteos argentinos, en un contexto de oportunidad potencial de más de US$ 10.000 millones. Sin embargo, el entusiasmo duró poco y con la devaluación rusa los pedidos se paralizaron.

En realidad, la relación comercial con Rusia es históricamente bastante pobre. El comercio bilateral sumó el año pasado cerca de US$ 2.122 millones, con un déficit para la Argentina cercano a US$ 600 millones. A partir del 2010, el comercio se había reactivado gracias a la crisis energética local que multiplicó la importación de productos derivados del petróleo (fuel-oil y gas-oil), rubro que actualmente tiene un peso de casi 80% en el total de las compras argentinas.

Frente al impulso de las compras energéticas, las exportaciones se mantuvieron en este tiempo estancadas en alrededor de los US$ 700 millones. Como ejemplo vale destacar que actualmente los envíos al gigante ruso son cuatro veces menores a los que se despachan a Chile y similares a los de Corea. Y las exportaciones brasileñas a ese mercado oscilaron en los últimos cinco años entre US$ 4.000 y US$ 3.000 millones, con un fuerte componente de carne bovina.

En la actualidad, casi 90% de los envíos argentinos a Rusia corresponden a alimentos: peras, manzanas, cítricos, maní y lácteos son los principales envíos. Por eso, la impasse y los problemas del mercado ruso tras las turbulencias del rublo afectaron fuerte a las economías regionales, que ya estaban golpeadas por los problemas de competitividad y la desaceleración del mercado brasileño.

Potencial exportador

Desde la cámara apuntan que, a pesar de la situación particular que atraviesa Rusia, las dificultades para desarrollar ese mercado son de largo aliento. “La Argentina todavía no supo explotar todo su potencial”, considera García Tuñón. “Si se afianzaran las relaciones comerciales podríamos llegar a ampliar el comercio bilateral hasta los US$ 5.000 millones”.

Los alimentos representan sólo 15% de las compras de Rusia al mundo y Argentina apenas le vende –con excepción del vino– productos primarios, a granel, y sin valor agregado. Los problemas burocráticos y fitosanitarios desalientan la diversificación hacia alimentos manufacturados y productos que tienen asegurada la demanda. En este grupo figuran los concentrados de frutas o las galletitas o productos básicos como la papa, la cebolla, el ajo, la frutilla y la miel.

Asimismo, se desaprovechan oportunidades para lograr mayor participación en los envíos, en segmentos como diseño de indumentaria o moda, tecnología de los alimentos, maquinaria agrícola, tecnología farmacéutica y repuestos para autos, que son rubros de gran peso en las importaciones rusas. “El mercado ruso es pujante y de alto consumo más allá de los vaivenes económicos”, apunta García Tuñón.

La entrada al mercado ruso no es un trámite fácil. A los obstáculos de la burocracia, se suman cuestiones culturales y el desafío que genera la lejanía y las diferencias de idiosincrasia. Esto en un proceso de venta que puede demorar casi sesenta días en concretarse. Pero la realidad muestra que la falta de interés, desde el Estado y también desde el empresariado que muchas veces desconocen las particularidades de su cliente, cerraron las puertas para mejorar la relación comercial.

“Las actividades de promoción comercial entre ambos países la concentramos en la Cámara”, explica García Tuñon. “No hay información estratégica desde el Estado para mejorar las exportaciones, ni se incentivan la ampliación de las misiones comerciales”, destaca. “El acercamiento es más político y básicamente tiene poco que ver con una PyME que quiere vender manzanas”.

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Acuerdos energéticos

YPF – Gazprom El presidente de YPF, Miguel Galuccio firmó finalmente un memorando de entendimiento con su par de Gazprom International para promover su participación en la exploración de recursos no convencionales en Vaca Muerta. En octubre pasado, el Gobierno ruso estimó el compromiso de inversiones superiores a US$ 1.000 millones en el sector de hidrocarburos local.

Nucleoeléctrica Argentina-Rosatom Ambas empresas acordaron la colaboración para la construcción de la sexta central nuclear. El Ministerio de Planificación detalló que el proyecto se basa en el diseño y construcción de un reactor de uranio enriquecido y agua liviana, con una potencia de 1200 megavatios. A la transferencia de tecnología se suma una oferta de financiamiento ruso con tasas preferenciales.

Central hidroeléctrica Chihuido I Se avanzó en el proyecto de participación de la rusa Inter RAO Export en la construcción de la central hidroeléctrica Chihuido I, en Neuquén. La empresa rusa cooperará con las argentinas Helport Chediack, Panedile, Eleprint, Hidroeléctrica Ameghino y la española Isolux Ingeniería. Aquí también se suma la promesa de un préstamo de cerca de US$ 1800 millones del Banco para el Desarrollo y Asuntos Económicos Exteriores de Rusia.

Estaciones y plantas de GNC En la visita se avanzó en un proyecto de cooperación para instalar 500 estaciones de servicio de GNC en Rusia, en el marco de un programa nacional de promoción. Según Industria este emprendimiento implicaría exportaciones por entre $150 y $200 millones por parte de las empresas argentinas Galileo, Aspro y Agira, entre otras. También trató el acuerdo entre Galileo y la rusa Rosneft, para construir plantas de licuefacción en San Petersburgo, Moscú y Siberia.

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One Comment

  • medusa dice:

    ante la dificultades planteadas por el fallo griesa para acceder a los mercados de deuda,
    la opcion BRICS gana terreno en el plano de la unasur,como una alternativa posible.
    el tiempo abre un interrogante para evaluar resultados,y muchos actores locales y de afuera,manifiestan su disconformidad,al ver afectados sus intereses.

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