Bajar temporalmente la retenciones

Para aliviar la escasez de resrevas del BCRA

La economía argentina presenta muchos desafíos, pero existen dos problemas básicos e interrelacionados entre sí: los desequilibrios fiscales y de su sector externo. Se trata de problemas relativamente recientes: en 2008 Argentina presentaba superávit gemelos (cuenta corriente y fiscal), mientras en 2014 la situación es diametralmente opuesta, los déficit en cuenta corriente y fiscal resultan significativos (2,1 y 3,4% del PIB, respectivamente). El desequilibrio externo condujo a una preocupante caída de reservas del BCRA desde 2011 en adelante, mientras el desequilibrio fiscal derivó en una creciente emisión de dinero por parte del BCRA para prestarle al Tesoro Nacional (ya equivale al 3,1% del PIB), de modo de financiar un gasto público que crece a un ritmo muy superior al de los ingresos.

Desequilibrios fiscal y externo y consecuencias monetarias

En % del PIB – Acumulado 12 meses

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea en base a MECON y  BCRA

Resulta claro que uno de los principales causantes del desequilibrio fiscal y externo ha sido la política de subsidios económicos aplicada por el Gobierno (en servicios de electricidad, gas, agua, transporte, etcétera). Por caso, el gasto devengado por la Administración Pública Nacional (APN) en transferencias a empresas de energía, transporte y otras, acumula $166 mil millones a setiembre. Dicho gasto resulta mayor a la suma de las erogaciones de la APN en igual período en las finalidades Salud, educación, ciencia y técnica, trabajo, vivienda y urbanismo, promoción y asistencia social, agua potable y alcantarillado, defensa y seguridad interior.

Si bien ambas políticas apuntaron a desacoplar los precios internos de los externos, a diferencia de los subsidios económicos, que son un gasto, los derechos de exportación permitieron que el Gobierno recaudara importantes recursos fiscales. Claro que hasta 2008 la recaudación por derechos de exportación superaba a las erogaciones en subsidios económicos, pero desde 2009 esa ecuación comenzó a cambiar rotundamente, y en 2014 el gasto en subsidios equivale a 2,8 veces lo que ingresa al Fisco por retenciones a las exportaciones.

El problema de la escasez de dólares en el sector público

¿Resultan escasas las reservas del BCRA? Es oportuno comparar con la situación existente en otros países latinoamericanos, tanto en stock como en dinámica reciente. Al acrecentarse en los últimos años la brecha entre entradas y salidas de divisas, las reservas del BCRA han perdido volumen de manera sostenida, lo que ubica a la Argentina como el tercer país de América Latina con menor ratio entre reservas y PIB, junto a Venezuela y Ecuador (aunque en este último caso se debe considerar que se trata de un país cuya moneda de curso legal es el dólar, por ende su Banco Central no necesita de cantidades importantes de divisas en sus reservas). Argentina es también uno de los pocos países en el continente que entre 2008 y 2013 han visto reducir fuertemente su ratio de reservas (luego de Venezuela, es el país que más punto porcentuales de reservas ha perdido en el período analizado).

Relación entre Reservas Internacionales y el PIB

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea

La potencial dinámica para 2015 en materia de reservas del BCRA tampoco resulta muy alentadora, dado que se estima una merma de ingresos por alrededor de US$ 4.000 millones por caída del precio internacional de los granos. Además, se estima que existen alrededor de US$5.000 millones de importaciones industriales devengadas pero no pagadas, una estrategia que sólo en el corto plazo permite salvar una mayor caída en las reservas del BCRA.

Menos retenciones y más incentivos

Si bien ambos desequilibrios (fiscal y externo) antes mencionados como problemas centrales son determinantes para la economía en el mediano y largo plazos, en el corto plazo resulta mucho más preocupante la creciente escasez de reservas en el BCRA. Para enfrentar esta situación y aliviar la restricción externa, el Gobierno debería concentrarse en intentar generar mayor confianza y apoyarse en mayor medida en los incentivos de mercado (arreglar el tema de la deuda, como necesidad más urgente), antes que las medidas de mayor control y represión económica.

En este contexto, debería analizarse la posibilidad de aplicar medidas que induzcan a un mayor ingreso de divisas en el corto plazo a través de incentivos de mercado. Queda claro que para los últimos meses de gestión la mayor restricción para el Gobierno será el nivel de reservas del BCRA y la cotización del dólar blue, antes que el déficit fiscal (en últimas instancia éste se financia con adelantos del BCRA).

Ante los elevados stocks de granos que se observan en el sector agropecuario, que pospone la entrada de divisas al país, podría plantearse un esquema de reducción generalizada de derechos de exportación (DE) para los granos, por tiempo determinado (por ejemplo, noviembre 2014 a junio 2015), condicionado a que los agricultores usen el beneficio recibido para comprar bienes de capital (maquinarias, camionetas, etcétera) o bienes de consumo durable como automotores, inmuebles u otros.

Para evitar efectos no deseados en la cadena productiva, se debería aplicar la rebaja transitoria de manera proporcional en los distintos eslabones. El objetivo de esta política sería que el BCRA se haga de dólares por dos vías: por la venta más rápida del stock de granos que aún existe de la campaña pasada, así como por la comercialización inicial más veloz de la campaña 2014/15. Dado que el precio de la soja ya bajó en forma importante en los últimos meses, los agricultores con capacidad financiera actualmente no tienen demasiados incentivos para vender, probablemente esperando una devaluación del dólar oficial. La reducción temporaria de los derechos de exportación podría generar un incentivo compensatorio, induciendo ventas anticipadas.

El beneficio debería entregarse directamente a los productores, quienes ya perciben un precio neto de DE por sus granos. Una forma de instrumentar la medida sería a través de la entrega a los productores que liquidan entre las fechas establecidas un certificado fiscal por el monto del beneficio (equivalente a una cierta reducción implícita en los DE), que podrían utilizarse sólo para la compra de bienes de inversión y de consumo durables previamente definidos, priorizando a la industria local. Los fabricantes que reciben el certificado como parte de pago podrían utilizarlos para cancelar sus impuestos, garantizar préstamos, transferirlos o en última instancia cobrarlos directamente del Fisco, para evitar que se generen saldos a favor por montos considerables.

Una medida como la aquí propuesta podría incrementar la entrada de divisas al país, a la vez que incentivar mayores ventas en sectores industriales y de la construcción, actualmente muy comprometidos en sus niveles de actividad, ayudando así a reactivar la economía, a la vez que aliviar la restricción de reservas del BCRA.

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