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La provincia de Buenos Aires

El concepto riesgo país no es otra cosa que el costo de fondeo para una economía en los mercados internacionales. Sin embargo, este produce secuelas no solamente en el Estado Nacional, sino que también perjudica a las empresas y provincias. Determinadas compañías son castigadas en el mercado por el hecho de ser argentinas, teniendo que pagar tasas muy superiores en relación a otras empresas latinoamericanas con similares ratios financieros y rentabilidad, lo cual daña la competitividad del sector privado. Lo mismo pasa con las provincias, afectando la capacidad de llevar a cabo obras de infraestructura de importancia que necesitan financiamiento de largo plazo, muchas veces en dólares para compras de insumos del exterior.

Por su tamaño e importancia la provincia de Buenos Aires es quizás el caso más emblemático. Concentra casi el 40% de la población nacional, más del 30% del PIB y aproximadamente el 31% de las exportaciones. Sin embargo, sólo recibe el 19% de las transferencias automáticas por parte del Gobierno Nacional, incluso menos de lo que le correspondería según el coeficiente de coparticipación (21,2%) [1].

Historia reciente

Las provincias financian sus gastos principalmente por medio de cuatro fuentes. La primera son las transferencias automáticas que se desprenden del sistema de coparticipación federal de impuestos y otras leyes especiales. La segunda son las transferencias no automáticas, discrecionales en base a los criterios adoptados por el Gobierno Nacional. La tercera consiste en la recaudación tributaria propia, principalmente ingresos brutos, seguido por inmobiliario, sellos y automotor. Por último, se pueden endeudar.

Durante la última década los ingresos de la provincia de Buenos Aires fueron cambiantes. Sin embargo, se observa una tendencia caracterizada por una disminución en los ingresos provenientes de transferencias automáticas compensados por un incremento en los ingresos tributarios. Dicho de otra manera, aumentó fuertemente la presión tributaria, pasando desde niveles del 4% del producto bruto geográfico [2] en el 2001 al 6% en 2012. Una parte menor fue balanceada por las mayores transferencias discrecionales, aunque estas han perdido peso el último tiempo. Actualmente, Buenos Aires se financia en casi 59% con recursos propios, 35% con transferencias automáticas y 5% con discrecionales. Para tener una dimensión, entre el 1993 y 2003 los ingresos por coparticipación representaban el 42,3% de los ingresos totales, poniendo en evidencia como en los últimos años los ingresos tributarios crecieron en detrimento de los coparticipables.

La desfavorable distribución federal para Buenos Aires tiene larga data. La vieja ley de coparticipación le asignaba 27,8% de la torta a repartir. A partir de 1989 (Ley 23.548), el coeficiente se recortó al 21,2%. Para compensar esta merma en los ingresos frente a las crecientes necesidades de caja, en 1992 se creó el Fondo del Conurbano Bonaerense, compuesto por el 10% de la recaudación del Impuesto a las Ganancias. Sin embargo, este fue perdiendo peso a partir de 1995 dado que se impuso un tope nominal, repartiendo el excedente entre las restantes provincias.

Durante el 2013 los ingresos crecieron por encima de los gastos, lo que le permitió a la provincia mostrar nuevamente superávit primario después de ocho años ($4.369 millones). Por otra parte, los intereses pagados en el periodo fueron $4.369 millones, cerrando el año con un déficit financiero de $1.029, también el menor en términos del producto desde el 2005. Junto con Córdoba, fueron las dos provincias grandes con mayor prudencia fiscal. Los mejores resultados se explicaron básicamente por el moderado aumento del gasto en personal y el aumento de los ingresos tributarios, principalmente ingresos brutos. En la primera mitad del 2014, los ingresos totales vienen creciendo más de 10 puntos porcentuales por encima de los gastos. El resultado es más que llamativo, sin embargo, parte importante se explicó por un incremento de las transferencias discrecionales del Gobierno. Para delante, la contracción de la actividad económica será un fuerte obstáculo para mantener los buenos números fiscales. Por otro lado, el Gobierno provincial lanzó moratorias con el objetivo de contrarrestar el efecto de la recesión.

Financiamiento

La provincia muestra buenos ratios de endeudamiento. Además del mencionado superávit primario, el ratio deuda sobre producto bruto geográfico se ubica por debajo del 8%. El nivel de deuda tocó casi el 25% del producto a la salida de la convertibilidad y, a partir de entonces, presenta una clara dinámica descendente. Del total ($85.931 millones), el 60,8% es deuda emitida en moneda extranjera. La mayor parte de esta deuda, sacando aproximadamente US$ 900 millones de préstamos con organismos internacionales, son emisiones de títulos. De continuar esta política fiscal, en 2015 podría cubrir sin problemas los vencimientos en moneda local. Con respecto a las obligaciones en moneda extranjera, la provincia debería refinanciar cerca de US$ 1.600 millones para no depender del BCRA. A pesar de los buenos números fiscales y los reducidos ratios de endeudamiento, los rendimientos de los títulos en dólares son altísimos. La provincia además del riesgo propio absorbe el riesgo país. En el mismo sentido, la curva de rendimientos está invertida, de lo que se desprende que el mercado le está asignando un alto riesgo de default. En resumen, los mejores números de la provincia no se reflejan en el costo de financiamiento. En otra coyuntura, sería difícil explicar cómo una provincia con superávit fiscal y deuda en relación al producto menor al 9% pague tasas exorbitantes. El camino al desarrollo necesita que nuestras provincias, nuestras empresas y el Estado Nacional accedan al financiamiento internacional de largo plazo a tasas razonables. Necesitamos urgentemente disminuir el riesgo país.

[1] “Finanzas Públicas de la Provincia de Buenos Aires en la última década”; IERAL; Edición Nº 24; Julio de 2014.

[2] Producto bruto de la provincia, último dato disponible al 2012.

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