Dilma-Marina-e-Aécio

Elecciones en Brasil

(Columna del economista Eduardo Crespo, profesor e investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro)

El 5 de octubre de 2014 se realizarán elecciones nacionales en Brasil, para elegir, entre otros cargos, al Presidente de la República. El escenario se presenta incierto tanto en términos políticos como económicos. No resulta sencillo establecer una conexión directa entre el panorama macroeconómico y los vaivenes de la campaña electoral con su rutina de encuestas y debates. A primera vista no debería sorprender que en un escenario signado por la recesión (‘técnica’), por primera vez existan posibilidades ciertas de que el PT, en el poder desde 2003, pueda perder las elecciones.

Sin embargo, la relación entre ambos fenómenos no es sencilla, ya que en Brasil, paradójicamente, el módico crecimiento económico coincidió con mejoras sociales insoslayables. Así, aunque en el último trimestre la economía se contrajo y los últimos años se caracterizaron por tasas de crecimiento próximas al estancamiento, aún no se perciben perjuicios visibles para la población que puedan influir en forma decisiva en la elección. El desempleo abierto se mantiene en niveles históricos reducidos (4,9%), durante los últimos años la pobreza y la miseria se redujeron como en toda la última década, los salarios –especialmente los más bajos asociados a la institución del salario mínimo– siguieron aumentando y la desigualdad disminuyó de manera apreciable. La inflación no frena las subas salariales sino que en buena medida es su consecuencia, al tiempo que se mantiene controlada (6,5% en doce meses) y tiende a desacelerarse.

Muchas otras estadísticas van en el mismo sentido. Por ejemplo, los índices de violencia se redujeron apreciablemente en la mayoría de los centros urbanos.

Un escenario complejo

¿Cómo se explican entonces las masivas protestas del año pasado y el ascenso amenazador de la oposición encabezada por Marina Silva? Entendemos que desilusión es la palabra que mejor refleja el actual momento histórico brasileño. El segundo mandato de Luiz Inácio Lula da Silva prometía introducir a Brasil por la puerta grande del progreso, al tiempo que renacían los viejos anhelos de convertir al país en una potencia regional. No solamente la economía crecía y avanzaban las reformas sociales. El país se embarcaba en grandes proyectos y desafíos internacionales. En medio de una auténtica fiesta popular se disponía a organizar un Mundial de fútbol y Río de Janeiro era escogida como ciudad sede de los próximos Juegos Olímpicos. La crisis internacional fue superada con facilidad y optimismo.

Dilma Rousseff parecía destinada a profundizar el cambio. Pero la decisión fue otra. La economía se desaceleró irreversiblemente a partir de 2011 a causa de una torpe e inoportuna contracción fiscal. La inversión tanto pública como privada no volvió a recuperase y muchos de los ambiciosos proyectos de los últimos años de Lula fueron abandonados o perdieron relevancia para la política oficial. La evaluación negativa del Mundial de Fútbol –más allá del resultado deportivo– que hoy realiza la mayor parte de la población brasileña, es un ejemplo claro del cambio de clima político.

¿Por qué aquello que en un principio fue recibido con euforia después se convirtió para muchos en un monumental desperdicio de recursos? Los simpatizantes del PT más aguerridos responsabilizan a los medios de comunicación. Sin embargo, no debe pasarse por alto que a la organización de este tipo de eventos se les suele adjuntar la promesa por reformas en las infraestructuras urbanas, mejoras de los medios de transporte, la ejecución de inversiones postergadas. Más allá de los grandiosos estadios, poco de todo esto se pudo observar en las ciudades brasileñas. Incluso el ministro Guido Mantega llegó a responsabilizar al Mundial por la recesión con la excusa de los numerosos feriados, cuando meses atrás el gobierno los justificaba aludiendo a los ingresos por turismo y al impacto de las reformas urbanas. Sectores de las más diversas extracciones participaron en las protestas y manifestaciones del año pasado.

Sin dudas había grupos de clase media acomodada irritados por las reformas sociales y el visible acceso de los sectores populares a los privilegios del consumo y a espacios antes exclusivos, como las universidades. Pero también había manifestantes humildes y grandes contingentes de jóvenes que se iniciaban en la vida política con una asombrosa variedad de reclamos, a veces contradictorios. Son las demandas normales de sectores sociales en ascenso, gente que en el pasado no importaba para las grandes decisiones gubernamentales de un país en extremo elitista y desigual.

Dilma & Marina

La confusa candidatura de Marina Silva aglutina buena parte de este descontento. Evangelista fervorosa, ecologista desde sus primeros pasos en la militancia, partidaria de una política económica de orientación neoliberal y censora del actual proceso de integración regional. Pese a estas características, a nivel personal no le faltan rasgos populares. Sus orígenes familiares son aún más humildes que los de Lula. Mujer, nacida en la Amazonia, descendiente de indios y negros, alfabetizada a los 16 años. Para el PT habría sido más sencillo limitar la disputa electoral al tradicional Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), y su candidato Aécio Neves –hoy sin posibilidades–, fácilmente identificable con las privatizaciones, los magros desempeños en materia de empleo e inclusión social y las políticas neoliberales del gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

Las encuestas de opinión disponibles –prematuras y siempre equívocas– hasta el momento indican que Dilma tiene su principal base de apoyo entre los más humildes que viven con un máximo de dos salarios mínimos (1.448 reales, 650 dólares aproximadamente), grupo que representa un 40% del electorado brasileño. Entre quienes ganan entre 3 y 5 salarios mínimos (la “nueva clase media”) el apoyo se dividiría en partes iguales entre ambas candidatas, mientras que Marina se impondría con holgura entre quienes ganan más de 5.

Cualquiera sea el resultado, es poco probable que el futuro gobierno brasileño revierta el rumbo macroeconómico, impulse políticas de desarrollo de largo plazo y se convierta en una locomotora de crecimiento regional. Es improbable que lo haga Dilma, quien se mantuvo imperturbable durante sus cuatro años de gobierno signados por los modestos resultados macroeconómicos. Y es una quimera que lo haga Marina, quien promete un Banco Central independiente, reducciones del gasto estatal y objeta al Mercosur públicamente. Pero no todas las perspectivas son aciagas. También es improbable que en Brasil se puedan revertir con facilidad las mejoras sociales ocurridas desde 2003 y a las que el pueblo brasileño parece haberse acostumbrado.

2 Comments

  • Santiago Gómez dice:

    La tesis que sostiene todo el artículo es que esta situación es responsabilidad del PT. Arranca reconociendo ” El desempleo abierto se mantiene en niveles históricos reducidos (4,9%), durante los últimos años la pobreza y la miseria se redujeron como en toda la última década, los salarios –especialmente los más bajos asociados a la institución del salario mínimo– siguieron aumentando y la desigualdad disminuyó de manera apreciable. La inflación no frena las subas salariales sino que en buena medida es su consecuencia, al tiempo que se mantiene controlada (6,5% en doce meses) y tiende a desacelerarse.” y después los quiere hacer responsables de una desilusión, cuando la ilusión la construyen los medios. ¿En qué habría desilusionado? Sólo considera la ilusión infantil del izquierdismo academisista o el academisismo irresponsable.
    Explicar Marina por una desilusión, me parece demasiado chato. ¿”El gobierno Lula prometía introducir a Brasil por la puerta grande del progreso”? Cómo considera al BRICS. Ta, los en desarrollo, pero si eso no es la puerta grande, este muchacho cree que la casita en la que vive es más grande de lo que es.
    Lejos de hacer un análisis económico que posibilite pensar la complejidad que vive Brasil y desarrollar, señala un punto que pasa por alto y al que sólo deben comprender los que siguen la coyuntura diaria de las medidas fiscales de Brasil. ¿A qué se refiere con ” una torpe e inoportuna contracción fiscal”?
    El auto se dedica a repetir la agenda mediática de una clase media que se detiene a hablar del mundial y subestima el poder de los medios y acusa a los petitsas de fanáticos por ubicar ahí la principal causa del malestar con la copa. ¿Cómo se explica si no es por los medios que el mundial del 50, en un país que se parecía más a África que a Argentina, recibiera tan bien la Copa y un país que sacó 36 millones de la pobreza y les llegó la luz a quien no tenían, sacándolos de la Edad Media, como dice la ministra de desarrollo social, la rechace tanto?
    Me quedé con ganas que desarrolle, como lego en economía que soy, sobre qué fundamenta que “es poco probable que el futuro gobierno brasileño revierta el rumbo macroeconómico, impulse políticas de desarrollo de largo plazo y se convierta en una locomotora de crecimiento regional”.
    Creo que las demandas insatisfechas que había cuando el PT¨llegó, las satisfizo. Claro, como reconoció el mismo PT, luego aparecen nuevas demandas. El PT está dando respuesta a la principal demanda brasilera que es la reforma del sistema político. De los países de América Latina que conozco, Argentina, Uruguay, Bolivia, Brasil y México, sólo en estos dos últimos pude sentir el rechazo por la política que existe.
    De economía el artículo poco, comentario sobre comentario de los medios. Para quienes estuvimos en la calle en las movilizaciones de junio del año pasado, no hay ninguna duda de que ahí poca pobreza hubo en la calle. Si hubieran bajado de los morros, otra sería la historia.

  • Eduardo dice:

    Santiago, por el tono advierto que preferís una explicación al estilo 678, que aluda a la manipulación de los medios y a la conspiración universal contra los gobiernos populares. Y si bien estas conspiraciones existen, al igual que la manipulación a todos los niveles, en una explicación más o menos seria no se puede pasar por alto que la economía brasileña prácticamente dejó de crecer desde que Dilma llegó al poder.

    Todo bien con el mundial y los juegos olímpicos, pero en las ciudades sede de estos eventos –excluyendo algunos avances incuestionables en materia de seguridad, como las UPPs- no se observan mejoras significativas en las infraestructuras urbanas. Por ejemplo, Rio de Janeiro será sede de los juegos olímpicos, así como lo fue del mundial. Se trata de una ciudad en la cual el tránsito literalmente está colapsando. Para recorrer unas pocas decenas de cuadras en auto o en ómnibus en determinados horarios se precisan varias horas de espera (yo cada día uso más la bicicleta, al riesgo de perder la vida). Un trabajador que vive en barrios periféricos como Caxias, Campo Grande o Jacarepaguá, puede estar de 4 a 6 horas por día arriba de un colectivo, quizás parado y sin aire acondicionado… para ir a laburar por uno o dos salarios mínimos… Y más allá de que el salario mínimo haya aumentado, ¿te parece ilegitimo que cuestione la suntuosidad del mundial cuando él vive en una ciudad con semejantes necesidades en materia de infraestructura? Y esto para no hablar de la misma situación en San Pablo…

    Si sos un observador con olfato popular como pretendés, habrás advertido que el grueso de la hinchada brasileña que podías observar en los estadios del mundial, no era precisamente el brasileño de a pie que te encontrás en cualquier barrio, salvo que estemos hablando de los hoteles 5 estrellas de la Avenida Atlántica… Mucha señora bien, rubiecitos, niños de ojos celestes, gente muy producida. Parecían la hinchada de los partidos de Rugby del San Isidro Club. Y no te pienses que muchos brasileños no de a pie lo advirtieron. Sin ir más lejos, pienso que a un gobierno como el de Cristina difícilmente se le hubiera escapado la tortuga en un punto tan delicado. ¡Futbol para todos y mundial para todos!

    Obviamente, esas no son las cosas que ven los intelectuales que defienden al PT y cuyos artículos suelen aparecer republicados en Página 12… Esos tipos viven en los mejores barrios, cerca de sus lugares de trabajo y en una de esas hasta tienen chofer… En fin, siempre es más fácil explicarlo todo apelando a una conspiración. Saludos

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