Tres pilares para reactivar el país

Política exterior, fiscal y monetaria

(Columna del economista José Anchorena, director de Desarrollo Económico de la Fundación Pensar)

A fines de 2015 asumirá un nuevo gobierno nacional. ¿Cuáles deberían ser sus principales medidas en cuanto a sus efectos sobre la economía? Todavía no sabemos si doce años de kirchnerismo dejarán una economía simplemente estancada o una economía en crisis. De cualquier manera, hay un grupo de políticas que deberán implementarse más allá de lo más o menos grave del punto de partida. Dependiendo del escenario, podrá haber diferencias de timing y de prioridades, pero el grupo de medidas será similar.

1. El primer set de medidas tiene que ver con las relaciones internacionales. Si no reestablecemos relaciones amistosas y sensatas con países vecinos y con países desarrollados será muy difícil que argentinos y extranjeros traigan sus capitales y los inviertan en el país. Sin esos capitales será imposible estabilizar la economía, financiar la inversión en infraestructura e incrementar los fondos prestables para la industria y la vivienda. Terminar las negociaciones en el CIADI y con los holdouts es imperioso. Esto será costoso en términos de deuda, pero esa deuda ya la tomaron los que proclaman el “desendeudamiento”. La negociación en todo caso será el sinceramiento de deudas contingentes. Como en tantas otras cuestiones, el kirchnerismo deja una herencia mucho más pesada que la que el público vislumbraba hace algunos años. Como en tantas otras cuestiones, el nuevo gobierno deberá sincerar los números. Sin sinceramiento, en una economía global, no se puede hacer política económica seria ni progresar en el mediano plazo. Aquí se da un “trade off” para los argentinos. Si es el presente Gobierno el que negocia la deuda impaga, los costos en términos de tasa, plazos y condiciones son mayores por menor credibilidad (que un futuro gobierno). Si esperamos, sin embargo, a que negocie el futuro gobierno, la salida del estancamiento será más lenta pues las negociaciones llevan tiempo. La solución, desde el punto de visto del bien común, es que negocie este Gobierno minimizando los costos y que el próximo haga un roll over con mejores condiciones. Al mismo tiempo que hace un giro hacia la normalización de las relaciones internacionales, la política de comercio exterior tiene que hacer un giro hacia un modelo liderado por las exportaciones. El crecimiento económico del 2002 al 2008 se debió a la conjunción de un mundo que demandaba productos argentinos, la maduración de inversiones (públicas y privadas) que se habían hecho en los ‘90 (verbigracia, energía; verbigracia, puertos; verbigracia, cambio técnico en agroalimentos) y una institucionalidad de apertura al mundo. Parte de esta institucionalidad se ha perdido (los DJAI, los ROEs, etcétera) y ya no hay inversiones por madurar. Peor, a fines de la presidencia de Néstor Kirchner y principios de la de su esposa, se pasó de un modelo de crecimiento basado en las exportaciones a uno de sustitución forzada de importaciones con énfasis en el consumo en cuotas. Ese giro es la principal causa del estancamiento presente. Lo llamativo del caso es que este giro ha perjudicado gravemente a la industria argentina, que desde los ‘90 venía dando signos de competitividad mundial, exportando vinos de calidad al mundo, lanchas, válvulas y tapizados a Europa o muebles a Estados Unidos. Las ventajas para la Argentina de la integración mundial tardaron en llegar pero se vieron recompensadas con el rápido crecimiento entre 2002 y el 2008. El giro a partir de la primera presidencia de CFK, de tintes autárquicos y anticapitalistas, ha sido fatal. La reversión de ese giro deberá ser prioritario en la agenda del próximo gobierno.

2. El segundo set de políticas se refiere a la macroeconomía con sus dos patas, la fiscal y la monetaria. Sin una baja inflación no habrá crecimiento: las causas son varias, pero quizás la principal sea la destrucción de los mercados financieros y de capitales locales. Sin baja inflación, no hay préstamos de mediano plazo para industria y vivienda, es imposible determinar ganancias de productividad, y se seguirá asignando tiempo y recursos en especulaciones nominales. Por otro lado, no habrá baja inflación si no se corrige el desequilibrio fiscal. El déficit fiscal de 2014 se proyecta en 5% del PIB; para que haya equilibrio fiscal se necesita 12% más de ingresos fiscales, un monto mayor al total que se recauda por derechos de exportación (las disputadas “retenciones”). Está claro que gran parte de ese déficit puede reducirse con la quita de subsidios universales, instaurando una tarifa social (energética pero sobre todo de transporte) para aquellas familias de bajos ingresos. También se podrá reducir el déficit eliminando corrupción e ineficiencias evidentes, lo que necesitará de un equipo de gobierno (nos estamos refiriendo a cerca de 1.500 dirigentes) honestos y muy capacitados para gestionar. La complejidad del problema fiscal se redobla cuando se toma conciencia de que no solamente “hay que cerrar las cuentas” sino que simultáneamente hay que cambiar las composiciones del gasto y de los impuestos. Del lado del gasto, habrá que reducir subsidios económicos y aumentar la inversión pública. Esto último puede financiarse con capitales argentinos y extranjeros de largo plazo si se logra reestablecer credibilidad soberana. Del lado de los impuestos, hay que reducir los referidos a la exportación, al cheque, a los Ingresos Brutos (con la complicación de que se trata de un impuesto provincial) y al trabajo (haciéndolo progresivo), y aumentar la base imponible del impuesto a las Ganancias, incluyendo a todos los trabajadores independientes de medianos y altos ingresos que apenas tributan. La simultaneidad de estas medidas es necesaria porque al mismo tiempo que se elimina la financiación del déficit con inflación, hay que darle a la economía un estímulo al crecimiento, lo que será ayudado por el cambio en las composiciones del gasto y de los impuestos en la dirección mencionada.

3. Con la paulatina reducción del déficit, con la reversión en los flujos de capitales, con la reactivación de la inversión, del crecimiento y de la creación de empleo, se podrá implementar un plan gradual de baja de inflación. En dos años podremos llegar a tener una inflación interanual de un dígito. En esos dos años habrá que ir rápidamente a un mercado de cambio libre y unificado, con un tipo de cambio flotante y estable, habrá que reconstruir el Indec y habrá que establecer una política monetaria basada en metas de inflación.

Estos tres pilares, la normalización de las relaciones internacionales, el reordenamiento fiscal y el control monetario, serán fundamentales para reencauzar a la Argentina en el camino del crecimiento y del desarrollo.

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