Recuperar las fuentes de crecimiento

La inversión, un tema urgente

(Columna de Bernardo Kosacoff, profesor de la UBA, la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad Nacional de Quilmes)

Uno de los mayores desafíos que enfrenta la Argentina es la recuperación de las fuentes de crecimiento que viabilicen un creciente proceso de inclusión social. Luego de un lustro de notable recuperación económica, baja inflación y creación de empleo, se fueron apagando los motores de la economía argentina. A partir de 2008 la actividad económica se desaceleró, manteniendo ritmos de crecimiento positivos pero asociados a un contexto de erosión de la consistencia macroeconómica, con aceleración de la inflación y quedando restringida la creación de empleo al sector público. Más aún, a partir de finales de 2011 y con las previsiones pronosticadas hasta fines de 2015, la economía ha dejado de crecer, con una inflación alta, sin creación de empleo y restricciones de divisas.

La reciente revisión de las series de las cuentas nacionales con nueva base en el año 2014, con cuestiones metodológicas muy discutibles, aun exageran el panorama reciente, mostrando el papel preponderante del consumo, con niveles de inversión muy bajos, que no alcanzan al 18% del PIB y con tasas de crecimiento menores a los promedios históricos. En el mercado de trabajo privado es mayoritaria la preocupación por mantener los puestos de trabajo, disminuyen las horas trabajadas, se verifica la reducción en la población económicamente activa y se mantienen las tasas de informalidad laboral.

Este panorama de estancamiento está difundido en toda la estructura económica. Las actividades agroindustriales evidencian dificultades con caídas significativas en la producción de carnes, leches, biocombustibles y una producción agrícola con lento crecimiento y creciente participación de la soja. La construcción se afectó seriamente desde la fallida pesificación de sus operaciones. El sector industrial está estancado y las actividades automotrices, que habían tenido un buen desempeño, se encuentran en una fuerte contracción. Los proyectos mineros están suspendidos. Las exportaciones industriales y de servicios de alto valor agregado han perdido parte significativa de su posicionamiento competitivo y disminuyen. Los problemas energéticos agravan la restricción fiscal y de divisas.

Este desempeño se acompaña con varios años de costos crecientes, desde la presión impositiva hasta los costos logísticos, que determinan márgenes de rentabilidad decrecientes, que impactan en particular a las PyMEs que no tienen escala para distribuir las erogaciones crecientes de sus costos de operación.

El crecimiento del consumo se podía sostener anteriormente por la disponibilidad de divisas. A título de ejemplo, el fuerte crecimiento industrial y de inversiones en el 2011 mostraba que cada punto de crecimiento de la industria impacta en cinco puntos de crecimiento de las importaciones para poder mantenerlo. Los requerimientos de importaciones de autopartes, componentes electrónicos, productos químicos y bienes de capital, podían satisfacerse dada la disponibilidad de divisas de la economía. Pero las proyecciones para 2012 nos marcaban una tendencia en la cual aparecía un déficit de la cuenta corriente, explicada por la dolarización de portafolios, un déficit comercial externo del sector manufacturero superior a los US$ 30 mil millones, a los cuales se adicionaban las importaciones de energía, las transferencias de dividendos de las empresas y algunos pagos financieros. Los excelentes precios internacionales de nuestras materias primas dejaron de ser suficientes para impedir la vuelta de una nueva restricción externa.

La agenda

La disminución de la inflación, la mejora de la calidad del gasto publico (con una evaluación social permanente de sus efectos sobre la eficiencia y la equidad), la creación de un mercado de capitales interno y externo para la inversión, el desarrollo de la infraestructura y el cambio tecnológico son condiciones necesarias para lograr una nueva consistencia de la variables macroeconómicas y replantearse una agenda de desarrollo.

En el mediano plazo aparece el desafío de generar las condiciones económicas que permitan acelerar el proceso de inversiones, en particular para fortalecer la incorporación de maquinaria y equipo y ensanchar la base de producción de bienes y servicios. A su vez, privilegiar la formación de recursos humanos en el sistema educativo y al interior de los procesos productivos, incentivando los procesos de innovación -en particular por parte de las empresas- y el crecimiento de la productividad son condiciones esenciales para sostener el desarrollo. Este crecimiento de la oferta productiva debería tender a un proceso de transformación estructural, con una participación creciente de actividades intensivas en innovación, que aprovechen las capacidades en las articulación de los abundantes recursos naturales (agropecuarias, minería y energéticas), industria y servicios, con una demanda creciente de personas de alta calificación.

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