La Bolsa de Buenos Aires

¿Qué hacer para que vuelva a ser relevante?

(Columna de Miguel Angel Boggiano, MA de la Universidad de Chicago, fundador y CEO de Carta Financiera y especialista en el diseño de sistemas de trading)

Hace casi veinte años la Bolsa de San Pablo, el BOVESPA, operaba aproximadamente diez veces el volumen de la Bolsa de Buenos Aires. Desde entonces hasta hoy, podemos ver los frutos de decisiones sistemáticamente correctas en contraposición con decisiones casi siempre malas. En los últimos veinte años, la Bolsa de San Pablo multiplicó su volumen operado por diez, mientras que la de Buenos Aires, lo redujo a un cuarto. Hoy es correcto decir que la Bolsa de San Pablo y la de Buenos Aires son un elefante y un mosquito: sólo en futuros de índice Bovespa se transan U$S 1.500 millones por día, cuando en los días “intensos” de la Bolsa porteña se operan U$S 10 millones. En términos bursátiles Brasil pasó de ser 10 veces la Argentina a ser 150 veces Argentina. ¿Qué pasó? Sin duda en estos procesos no hay una única explicación. Pero voy a citar tres factores que sin duda han sido desencadentes:

  1. El mercado de valores de Brasil permitió a operadores online que sus clientes pudieran insertar sus órdenes de manera directa en el mercado. Esto es lo que se conoce como acceso directo o direct access. De esta manera, cuando alguien en Brasil decide comprar una acción por medio de su computadora, ingresa la orden y ésta va directamente a las computadoras centrales del mercado de valores. En la Argentina se prohibió esto. ¿Por qué? Porque se quiso “defender” al intermediario. Los clientes de cualquier broker online como lo son Invertir Online, Rava o lo fue Patagon, recibían las órdenes de los clientes y las ingresaban en muchos casos manualmente en las computadoras centrales del Mercado de Valores. Este intermediario hacía la operatoria más cara y más lenta. Hoy se ha avanzado pero ha sido too little, too late.
  2. El acceso a precios. También con la idea de “cuidar un mercado” que de por sí ya era chico, obtener precios online en la Argentina siempre fue sensiblemente más caro que en Brasil.
  3. Factor político. Brasil pasó a ser parte de los BRIC y recibió un enorme influjo de inversión externa. La Argentina cayó en default y todavía sigue muy marginada del interés internacional. Sumemos que la Argentina decidió estatizar las AFJP y sacar así a los participantes más activos del mercado. Hasta aquí, tenemos una simple descripción de los hechos pasados. Pero, ¿hay modo de revertir al menos de manera parcial esto? Sin dudas que sí. La idea de Cristina Fernández de eliminar el requisito de ser accionista del Mercado de Valores para que una sociedad de Bolsa pueda actuar como agente apunta conceptualmente en la dirección correcta. Pero la implementación y la instrumentación son malas y muy limitadas. Además, esto representó un cambio más de reglas de juego.

Ahora bien. Concretamente, ¿qué se podría hacer? Aquí una lista de sugerencias:

  • Ofrecer de manera gratuita el acceso a precios online y el acceso a gráficos en tiempo real. El costo de esto es relativamente bajo, sobre todo en los precios. Hay que tomar la decisión de ponerlos a disposición. Son muy pocos los que pagan por tener precios online y el mercado mismo se beneficiaría al darlos gratuitamente porque esto implicaría un aumento en el nivel de transacciones. Recordemos que por cada transacción, además de la comisión de corretaje de la casa de Bolsa, se paga un “derecho de Bolsa y mercados”. Al aumentar las transacciones, la bolsa más que recuperaría lo perdido por no poder vender los precios online.
  • Facilitar el acceso a las PyMES para su cotización en Bolsa. Esto tiene que ver con el proceso que deben cumplir para poder cotizar.
  • En relación al segundo punto, la Bolsa tiene que verse como lo que es: una alternativa de financiación para proyectos de inversión, mediante las cuales las empresas ofrecen públicamente su capital al mejor postor. En contextos de tasas de interés estructuralmente altas como las hay en la Argentina (capítulo aparte por tener entre otras cosas una pobrísima seguridad jurídica), poder conseguir socios en lugar de tener que pagar tasas de interés onerosas, es sin duda una alternativa a evaluar.
  • Educación. ¿Qué porcentaje de la población realiza inversiones bursátiles? Arriesgo que no superá el 1% de la población. En Estados Unidos, desde la década del ’50 hubo una gran incorporación de gente nueva al mercado. En 1952 el porcentaje de gente adulta con participación en la Bolsa era el 6%. En 1998 este porcentaje había llegado al 44%. Parte de la política del plazo fijo o de simplemente “invertir en dólares” o “en ladrillos” se vincula con el hecho de que la gente no sabe ni entiende demasiado lo que es la Bolsa.

La parte buena de todo este relato es que en la Argentina en materia bursátil está todo por hacerse. Pero esto también es extensivo a la ampliación, el perfeccionamiento y el crecimiento de volumen que deberían tener los mercados de futuros por la relevancia de nuestro país en soja y maíz. Por último, toda la posible red de contratos futuros de tipo de cambio que podría operarse es también un mundo virtualmente virgen donde prácticamente estamos en cero. Dicho esto, se necesita una conducción política que pueda entender que los mercados financieros no conforman el ala especulativa de una Nación sino que en su raíz proveen el financiamiento más eficiente para que un país pueda desarrollarse plenamente.

Creo que los que aún somos jóvenes podremos ser protagonistas de este cambio.

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