¿Agro o industria biológica a cielo abierto?

Hacia la revolución de las pampas II

(Columna de Roberto Bisang, docente e investigador del IIEP de FCE-UBA y de la Universidad de Tres de Febrero)

El vórtice de la economía argentina fue y es la explotación e industrialización de los recursos naturales. El agro, acompasado con una excepcional demanda externa, recientemente generó un cambio tecnológico y organizacional inédito aportando a la economía un excedente económico que -traducido en divisas- permitió crecer a “tasas chinas”. Triplicar la producción, mejorar los rendimientos –asimilándolos a los registrados internacionalmente–, incorporar un 50% más de superficie cultivable y aportar anualmente casi el 60% de las exportaciones son el resultado de una revolución productiva no exenta de tensiones, pero clave para el crecimiento de toda la economía.

La revolución de las pampas I permitió sortear durante una década la restricción externa. Pero en el último quinquenio la actividad se aletargó; la producción no logra superar holgadamente los 100 millones de toneladas de granos, los saldos exportables se estancaron y el valor agregado por hectárea cultivada cayó. Este amesetamiento impone un freno a la economía y alerta sobre su dinamismo inmediato. ¿Qué pasó? Más allá de aciertos y desaciertos de políticas públicas y estrategias privadas, la revolución tecnológica y organizacional en el agro entra en una etapa de madurez; las innovaciones se difundieron rápidamente, la rentabilidad que animaba el espíritu emprendedor e impulsaba la producción se redujo y con ello se atenúa la expansión productiva.

El país necesita imperiosamente que el agro se reavive y genere nuevamente crecientes saldos exportables para financiar el pleno funcionamiento del aparato económico.

Una nueva etapa

La clave es recrear la revolución de las pampas II. Recursos no faltan: desde las capacidades humanas a las dotaciones naturales pasando por el control genético, las facilidades empresarias y la proyectada firmeza del consumo global. Es posible técnicamente llegar a los 160 millones de toneladas de granos, casi 4 millones de toneladas de carnes bovinas y más de 16 mil millones de litros de leche. El desafío a la “inteligencia social” es hacerlo económicamente factible. Amerita encontrar el camino que reimpulse simultáneamente una triple hélice: “afinar” el modelo agrario actual, agregar masivamente valor a los granos y poner en marcha otro salto tecnológico en la base productiva.

La primera vía es completar y profundizar al máximo el modelo productivo reciente; las enormes brechas de productividad entre productores invita a incorporar masivamente cambios técnicos y organizacionales ya disponibles partiendo del exitoso maridaje entre la siembra directa, las semillas “fabricadas” biotecnológicamente y el uso racional de biocidas y fertilizantes sin despegar la mirada sobre la sustentabilidad ambiental y social.

La segunda vía –considerando las limitaciones de tierras, agua e infraestructuras– es transformar masivamente granos en carnes, leches y sus derivados (el “agro ampliado”); a ello se suman las distintas formas de bioenergías (biodiésel y etanol) y bio industrias (particularmente los bioplásticos). Se trata de agregar valor partiendo de un agro eficiente; este camino es altamente prometedor (el mundo demanda crecientemente alimentos y energía), pero esta tapizado de desafíos y dificultades invitando al ingenio aplicado a la coordinación de la política pública y la estrategia privada.

Y, desde que el capitalismo es capitalismo, cuando toda revolución técnica comienza a agotarse se prepara un nuevo capítulo en la zaga del desarrollo. ¿Qué se avizora en el agro? Semillas “inteligentes”, implantación segmentada según especificidad de suelos y ambientes y mucha ciencia aplicada. Se diluye la homogeneidad productiva del potrero para pasar a la “agricultura por ambiente” con una cuidada gestión y una estrecha relación con los demandas industriales. ¡Welcome Don Zoilo 2.0!

Además, los seres vivos son “reacondicionados” –biotecnología mediante– como transformadores industriales: plantas y animales produciendo medicamentos y enzimas generando precursores plásticos degradables van modelando un nuevo capítulo agrario. ¡Welcome a la bioeconomía como paradigma agroindustrial!

Imperceptiblemente nuestro agro ampliado –desde proveedores de insumos a productores pasando por tecnólogos y científicos– ya está trabajando en ello. El desafío a la inteligencia colectiva es enfrentar los problemas coyunturales en pro de acelerar la triple hélice del agro a fin de superar los problemas estructurales de la economía argentina.

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