La pobreza en la Argentina II

Pasado, presente y futuro

(Columna de Jorge A. Paz, economista, investigador del CONICET y del IELDE)

La reducción de la pobreza en la Argentina durante los últimos diez años es un hecho indiscutible aunque, vale la pena aclararlo, no se trató de un fenómeno local sino regional: se dio con distinta intensidad en casi toda la América Latina y el Caribe. Eso es bueno y auspicioso. Es bueno y auspicioso también alegrarse y aprender de los aciertos, lo que no elimina la necesidad de ver lo que queda por hacer, preguntarse por qué no siguió bajando y qué desafíos depara el futuro en este tema puntual. Concretamente resulta muy didáctico plantearse al menos los siguientes interrogantes: a) ¿quiénes ganaron más y quienes menos?, b) ¿qué queda después de una década de reducción?, y c) ¿qué podría suceder en el futuro?

Provincias que ganaron más y que ganaron menos

La pobreza cayó en todas las provincias de la Argentina pero no lo hizo con la misma intensidad ni velocidad. Si la mirada se detiene en el porcentaje de personas pobres, se puede observar que la pobreza monetaria cayó 30 puntos porcentuales entre 2003 y 2013: pasó del 45,6% en la primera fecha al 15,4% en la segunda.

Pero las asimetrías por jurisdicciones fueron muy marcadas: mientras que en la ciudad de Tucumán descendió 45 puntos porcentuales, en Ushuaia lo hizo en 15 puntos porcentuales (Gráfico 1). En términos más generales puede afirmarse que la pobreza monetaria cayó más en aquellas jurisdicciones que en 2003 tenían pobreza más elevada: Tucumán, por ejemplo, registró en 2003 una tasa del 59%, mientras que Ushuaia tenía en ese momento un nivel del 17% de pobreza por ingresos. Es una verdad de Perogrullo que cualquier indicador desciende más rápido cuanto más elevado es su nivel inicial. Y si se pone énfasis en los niveles más que en los cambios, la pobreza en el Gran Tucumán es hoy sólo 2 puntos más baja que la que tenía Ushuaia en 2003.

Gráfico 1. Cambios en la tasa de pobreza.

Pero que la pobreza haya disminuido no significa necesariamente que los pobres estén mejor. Para poder acercarse a una medida alternativa de bienestar de los pobres conviene mirar cuál es el ingreso con respecto al valor que les permitiría estar fuera de la pobreza: es lo que se llama la “brecha de pobreza” (ver gráfico 2). Si se sigue la evolución de este indicador entre 2003 y 2013 puede verse que los progresos fueron muchos más modestos que los encontrados con el indicador tradicional de pobreza (con la tasa de recuento). Así, por ejemplo, Jujuy no mejoró prácticamente nada, mientras que lo hicieron bastante por sobre la media nacional Concordia y el Gran Rosario. Además, se encuentra en este indicador una diferencia entre jurisdicciones mucho menor.

Gráfico 2. Cambios en la brecha de pobreza.

¿Quiénes eran y quiénes son? Una clave para evaluar la situación actual es comparar las características de los hogares pobres hoy con las de hace diez años en la Argentina. Esto permite aproximar las razones que llevaron a la evolución de los niveles durante la última década y eliminar mitos sobre las causas del descenso. Entre 2003 y 2013 mejoró el nivel educativo del jefe/a de hogar, su tasa de desocupación y la cobertura previsional de adultas y adultos mayores. Esto va en la dirección prevista, pero los datos muestran que permaneció prácticamente sin cambios la cantidad de trabajadores informales en el hogar. Esto sugiere que la evolución favorable del empleo (principalmente de las/os jefas/es) colaboró fuertemente a la reducción de la pobreza, pero la calidad de los empleos no avanzó a la misma velocidad, lo que a la vez explica que los ingresos de los pobres no hayan mejorado demasiado si se los compara con el valor de la línea de pobreza. También dice lo mucho que hizo la reforma previsional en este sentido.

Las ayudas monetarias

Como se vino planteando en esta columna hace ya un tiempo, las transferencias monetarias condicionadas (principalmente, la AUH) fueron un remedio muy eficaz en la lucha por reducir los niveles de pobreza en la Argentina y en la región en su conjunto. Hasta ahí llega el análisis de lo que fue. Una pregunta crítica, sin embargo, podría ser la siguiente: ¿cómo se verían afectados en el futuro los niveles de pobreza de eliminarse las ayudas en concepto de transferencias a los hogares que actualmente las reciben?

Este ejercicio, si bien con fuertes supuestos por detrás, muestra que el efecto sería muy importante en aquellas jurisdicciones que registran hoy tasas de pobreza por ingresos comparativamente muy bajas, como por ejemplo las situadas en la Patagonia. Mientras que las más desfavorecidas, como las del nordeste y el noroeste del país, tendrían un efecto menor . Esto sugiere que los niveles de pobreza actuales son fuertemente dependientes de las transferencias monetarias, y lo son todavía más que de los niveles de empleo y de los ingresos genuinos, como los provenientes del trabajo registrado, por ejemplo. Esto constituye una señal de alerta para quien asuma la responsabilidad del Gobierno en adelante, ya que será una situación difícil de mantener en el mediano y el largo plazos.