Más inflación y más desempleo

Proyecciones macroeconómicas

(Columna de Martín Polo, economista jefe de Analytica / Twitter: @mapolo1978)

Evitar problemas con el empleo es una condición necesaria –pero no suficiente- para evitar problemas políticos y mantener el control de “la calle”. Esa fue una de las principales lecciones que aprendió el kirchnerismo tras el estallido de la Convertibilidad en 2001. La situación actual dista de aquellas dos crisis que marcaron la historia del país, pero las señales de alerta están en pie.

La inflación de este año superará con creces la del año pasado y será la más alta de la última década, sin que ello implique la corrección necesaria de los precios relativos. El mercado laboral ya no brilla y da clara señales de fatiga: se crean pocos puestos de trabajo y el desempleo dejó de caer. Según el Indec, en 2013 la tasa de desocupación fue del 7,1%, casi idéntica a la de los dos años anteriores. El estancamiento laboral se dio a pesar del mayor crecimiento de 2013 y de la -sorpresiva y dudosa- caída de la población en condiciones de trabajar.

Lo cierto es que la economía crea cada vez menos empleo y casi la mitad de los trabajadores no están registrados. Las perspectivas para este año no son mejores.

Números y fuentes

El año pasado se crearon poco más 120.000 nuevos empleos, 10.000 menos que en 2012 y muy lejos de los 210.000 por año creados entre 2005 y 2011. Además, cambió la demanda de empleo. Hasta 2007, fue el sector privado la principal fuente de los nuevos puestos; desde 2008, ese lugar lo ocupa el Estado. El cambio se explicó por el atraso del tipo de cambio que estimuló la incorporación de tecnología (en detrimento de puestos de trabajo) y el bajo crecimiento de la producción en los últimos años.

El pobre desempeño de la demanda de laboral del sector privado desde 2012 fue generalizado en todas las actividades. En términos generales pasó de crecer al 4% entre 2005 y 2011 a menos de 1% anual en los últimos dos años. La más castigada fue la construcción, que pasó de aumentar la dotación de personal al 8% a caer a razón de 7% anual en los últimos dos años. La industria manufacturera (una quinta parte del empleo registrado) no tuvo mejor suerte dado que en el mismo período redujo la demanda del 4% a menos del 1% anual. Similar comportamiento tuvieron los sectores proveedores de servicios que concentran dos tercios de la demanda laboral, destacándose la fuerte desaceleración que tuvo el comercio minorista, que en 2013 aumentó la dotación apenas 0,5%.

En este contexto, el dinámico empleo público operó como sostén de la demanda laboral. Si bien moderó su dinámica, en los últimos dos años creció 3,5% por año por lo que la cantidad de empleados públicos en relación de dependencia ya supera los 1,5 millones, 50% más que en 2007 y duplica la cifra de 2003.

La fuerte desaceleración en la creación de empleo le restó poder de negociación a los sindicatos y los ajustes salariales pierden velocidad respecto a la inflación. Mientras que hasta 2012 el poder de compra de los salarios del sector formal creció al 4% anual, en 2013 se estancó dado que la aceleración que tuvo la inflación en la segunda mitad compensó el incremento salarial logrado en el primer semestre.

Este año, lo más probable es que el sector privado expulse mano de obra. La elevada incertidumbre y abrupta suba de la tasa de interés complica los planes de inversión de las empresas en tanto que el creciente desequilibrio fiscal de la Nación y las provincias le resta posibilidades al sector público para crear empleos.

Para mantener su rentabilidad, las empresas buscarán compensar la suba de costos y caída de ventas reduciendo el costo laboral.

En consecuencia, uno de los principales desafíos del Gobierno es impedir la destrucción de puestos de trabajo. La estanflación está poniendo en aprietos a los sindicatos porque la aceleración inflacionaria está erosionando el poder adquisitivo de los trabajadores a un ritmo preocupante mientras que la actividad se estancó. Difícilmente la mayoría de los trabajadores consiga aumentos por encima de la inflación, dando lugar a una caída en su poder de compra. Peor será la suerte de los trabajadores fuera de convenio, que además de que tendrán una mayor caída se les complica las chances de mantenerse en el mercado laboral.

Este año será uno de los más difíciles para el kirchnerismo. La caída del empleo y del salario real afectará al consumo y agudizará la tensión social. Sin un plan macroeconómico consistente que apunte a restablecer la confianza y mejorar las expectativas de empresarios y consumidores, no habrá “gallina de huevos de oro”. La curva de Phillips sólo funciona en el corto plazo; en una economía moderna en el que la información juega un rol crucial, no existe una relación inversa entre inflación y desempleo.

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