El Mercosur

Al margen de los megaacuerdos

(Columna de Gabriel Molteni, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio -CAC-)

La recuperación de la actividad económica mundial luego de la crisis financiera internacional ha sido claramente irregular y lenta. Durante el último año las economías desarrolladas han continuado experimentando bajas tasas de crecimiento, con la eurozona hasta hace un par de meses en recesión, y algunas de las economías emergentes también han acusado el impacto con un menor dinamismo.

El comercio mundial, luego de una fuerte expansión en la década pasada, se ha debilitado y las perspectivas están mostrando una tendencia al bajo crecimiento en volúmenes –sumado al hecho de que ya se percibe el fin del superciclo de las commodities, que traería precios más bajos, aunque seguramente todavía por encima del promedio de décadas pasadas–. Adicionalmente, cabe destacar que se han incrementado las restricciones comerciales a nivel global, según destaca el último informe de Global Trade Alert (GTA), donde las estimaciones sobre el proteccionismo surgido en el último trimestre 2012 y primer trimestre de este año, son las peores que el GTA ha compilado desde noviembre 2008.

En este contexto, y ante la virtual parálisis en las negociaciones de la Ronda de Doha, muchos países están tratando de promover nuevos canales con el objetivo de fomentar el comercio y la cooperación internacional. Por un lado, una tendencia ha sido la de avanzar en los procesos de integración regional, llevando a cabo negociaciones para extender los acuerdos vigentes o suscribir nuevos acuerdos comerciales. Por otro lado, la nueva tendencia pasa por la negociación de megaacuerdos en los que participan Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Japón, China y los restantes principales actores de la economía y el comercio mundial. Sin embargo, el Mercosur no ha avanzado de manera significativa ni en uno ni en otro sentido.

Los megaacuerdos

Entre las negociaciones más importantes que se están llevando a cabo actualmente cabe mencionar el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea; el Trans-Pacific Partnership (TPP) entre Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia, México, Nueva Zelanda, Chile, Singapur, Perú, Vietnam, Malasia y Brunei Darussalam y, tercero, el Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP) entre China, ASEAN, República de Corea, Japón, India, Australia y Nueva Zelanda. Además, están bajo negociación los acuerdos UE-Japón y UE-India. Para el caso de América Latina, más allá de la participación de algunos países en el citado TPP, el único proceso que se puede colocar en esta nueva tendencia es el de la Alianza del Pacífico (AP), de la que participan como miembros Chile, Colombia, México y Perú, y cuyo objetivo es crear una plataforma de integración económica y comercial de proyección al mundo –en particular enfocada en el área del Asia Pacífico–.

En estos megaacuerdos, la desgravación arancelaria no es lo más relevante por dos motivos. En primer lugar, porque varios de los países cuentan con acuerdos entre sí –como es el caso de los países de la AP que ya tienen acuerdos vigentes con Estados Unidos, Canadá, México y la UE–. En segundo lugar, porque en muchos casos las tarifas vigentes ya son relativamente bajas. La verdadera relevancia de los mismos reside en los aspectos regulatorios del comercio –por ejemplo, las barreras técnicas y no arancelarias, como las regulaciones, estándares y procedimientos aduaneros, así como servicios, inversiones, compras gubernamentales y propiedad intelectual, entre otros–.

Riesgos para el Mercosur

Más allá de la desgravación arancelaria, el Mercosur se ha ralentizado en su proceso de integración regional, tanto en lo que respecta a la consolidación de la unión aduanera y del mercado común como en lo relacionado con barreras no arancelarias y regulatorias. Con respecto a su proyección en la economía mundial, el Mercosur sólo ha firmado acuerdos con Egipto, Israel, Palestina, India y la Unión Aduanera de Africa Austral (fuera de la región) y con Chile, la Comunidad Andina de Naciones, México y Cuba –además de haber incorporado el año pasado a Venezuela como Estado asociado–.

¿Cuáles pueden ser los riesgos para el Mercosur de mantenerse aislado de estos megaacuerdos? Si bien es cierto que, dado que todavía están en proceso de negociación, no es fácil analizar cuáles serán sus consecuencias sí es posible estimar algunos impactos.

Los acuerdos en temas regulatorios podrían establecer estándares más elevados que el actual, que harían más difíciles las relaciones comerciales con el resto de las economías. Asimismo, se dificultaría la inserción de las empresas del Mercosur en las cadenas de valor del transatlántico y del transpacífico. Con respecto a las exportaciones manufactureras, la integración de economías latinoamericanas en la TPP afectaría negativamente la performance de la Argentina y Brasil frente a la competencia asiática. En relación al sector agrícola, estos megaacuerdos podrían significar una pérdida de mercado (en particular el europeo) frente a la competencia de otros grandes productores y exportadores de productos agrícolas de clima templado como Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Por último, el Mercosur también podría quedar afuera de las prioridades en los flujos de inversión global.

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