Mirando el escenario

Nubes negras en el frente externo

(Columna de Carlos Leyba)

En la última década, la economía argentina tuvo disponible un escenario económico internacional más que favorable. Los precios de las materias primas,que producimos de manera eficiente, experimentaron un crecimiento sostenido. El promedio decenal de precios internacionales nos introdujo un bálsamo en la caja en dólares al que, decididamente, no estábamos acostumbrados. Como consecuencia de la deriva de esos hechos externos, y de decisiones y situaciones internas no deseadas, nuestra economía vivió el serendipity de los superávit gemelos. Vivimos un escenario extraordinariamente favorables términos del intercambio. Esa fue la gran oportunidad de la década; con el rendimiento de esa oportunidad se pudieron hacer muchas cosas con la aplicación de esos recursos.

En síntesis, la parte favorable del escenario internacional fue el flujo positivo de recursos externos. Por ejemplo, en 2011, el balance de las partidas de comercio exterior más superavitarias arrojó – teniendo en cuenta solamente productos primarios (incluyendo minerales de baja elaboración)–un excedente de US$ 41.000 millones.

Además, en el arranque de la última década (2003/2013), dispusimos de un tipo de cambio alto (a causa de una devaluación no erosionada de inmediato por los precios internos) que, en su momento, se convirtió en la política heredada y deseada por Néstor Kirchner, entonces Presidente y ministro de las grandes decisiones económicas. Todos recordamos, por ejemplo, una de las controversias con Alfonso Prat-Gay, entonces presidente del Banco Central, que señalaba la conveniencia de dejar caer el tipo de cambio por debajo de tres pesos, y la expresa resistencia de Néstor para mantener el tipo de cambio clavado allí. Por entonces, la cotización de nuestro peso gozaba de la ventaja de estar pegada al curso del dólar, que operaba como una mecánica de compensación del incremento de los costos internos. Esta era la segunda condición favorable del escenario internacional.

A ella se fue sumando la política cambiaria brasileña, que también nos favorecía en la medida en que contribuía a nuestra competitividad, marcando así un tercer elemento externo favorable.

El cuarto ítem positivo –más allá de cual fuera su origen– lo constituyó la expansión de la región y del conjunto de las economías emergentes las que generaron, entre sí, un proceso de retroalimentación. Finalmente, el contexto internacional se resumía en uno de dinero barato y de materias primas caras que fue, en concreto, el escenario favorable para nuestras políticas.

Sin ese contexto internacional nuestra década no hubiera sido lo que fue. Esta afirmación vale tanto para la acumulación de reservas como para la fuga de capitales; para la extraordinaria expansión del área sembrada con soja, como para el financiamiento de las consecuencias importadoras de la pérdida de reservas hidrocarburíferas, o para la drástica reducción de la indigencia.

¿Y ahora?

Las exportaciones argentinas tienen como destino regional principal nuestra América Latina (41%) y le siguen el Asia (21 %) y la Unión Europea (17%) : esas tres áreas absorben cuatro quintas partes de nuestras exportaciones. Nuestra clave en América Latina es Brasil (21%) y en el Asia, China (7%). América Latina es el destino del 75% de nuestras exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial (MOI), de las que el 60% son vehículos y sus partes. Tendencias y regiones De este breve pantallazo surge que nuestra primera preocupación debe ser el análisis estratégico de la evolución del precio de las materias primas. En este caso no tenemos un problema de capacidad de oferta –más allá de problemas internos de costos y rentabilidad fácilmente conducibles– y seguramente tampoco uno de demanda. Nuestro problema principal en términos de caja son los precios internacionales de las materias primas.

En este año, con la sola excepción del petróleo, todos los índices y en todas las monedas, dan un resultado negativo. Los precios han retrocedido. ¿Es una tendencia? En primer lugar, según muchos de los estudios de los expertos en materias primas, el ciclo de las mismas dura 20 años. Se sostiene que en los primeros 10 años se encuentra la etapa del crecimiento de los precios, vigorosa hasta que se materializa la expansión de la capacidad de oferta y avances tecnológicos. Y a partir de allí comienza el fin del ciclo con caída y moderación, hasta el proceso de declinación. Los primeros diez años están acompañados por un ciclo de inversión, y los segundos por una disminución de la misma.

Todo este enfoque está intervenido (o cuestionado) por la aparición, en la escena mundial, de la integración de la economía china a partir de la cual todas estas afirmaciones deben ser relativizadas ya que “nada volverá a ser como antes”. Se ha incorporado a la economía mundial una enorme masa de consumidores de capas medias en un período demasiado breve que fue imprevisible y que ahora hay que sostener. La etapa de crecimiento de los precios de las materias primas (y también de la soja) comenzó en 2003 en el mismo momento que comenzaba la economía K. Ya lo dijimos,en los últimos 12 meses, con la excepción del petróleo, todos los índices que capturan precios de materias primas –en particular las alimentarias– registran una disminución significativa. Pero al igual que en las cuestiones de clima, en este campo de las materias primas están los pronósticos catastrofistas que estiman la vuelta de campana irreversible –para el caso de los precios de las materias primas el comienzo de la etapa declinante–.

Y también están los que descartan esa hipótesis de irreversibilidad catastrófica y la sustituyen por la de la variabilidad climática que, en el caso de las materias primas que nos ocupa, significa que los precios de las mismas han interrumpido su etapa sistemáticamente ascendente, y que de ahora en más las cotizaciones seguirán un curso variable descendente y ascendente sucesivamente. Y por otra parte, los valores medios –que son los que nos preocupan– se verán afectados por el desenganche de la corriente especulativa desalentada por la suba de las tasas de interés internacionales que afecta negativamente el valor de los activos.

Otras exportaciones

Por el lado de los precios de nuestras exportaciones excedentarias –en el corto y mediano plazo– todo hace pensar que los mejores tiempos ya pasaron. Y, adicionalmente, por el lado de nuestras importaciones inevitables en el corto plazo,como es el caso de la energía, los precios han crecido de un año a esta parte y los conflictos en las áreas geográficas de producción amenazan con cargar más la cuenta.

Dejando a un lado la cuenta energética, en toda América Latina, nuestro principal destino de la exportación del trabajo urbano, la cuestión de la declinación o variabilidad de las materias primas tendrá consecuencias y pondrá sombras en el escenario que fuera favorable. La economía de la Unión Europea, que absorbe el 17% de nuestras exportaciones, si bien todo indica que las cosas allí han dejado de empeorar, tampoco nos ofrece un panorama expansivo. Además, en la medida en que la tasa de interés internacional crezca, la condición de economías fiscalmente endeudadas nos anticipa una morigeración de las demandas de productos sustituibles.

Finalmente, el Gigante Asiático y todas las economías emergentes han estacionado sustasas de crecimiento en niveles altos pero menores a los de la década que culmina.

Señales de alerta

Todo señala que las tasas de crecimiento del mundo desarrollado mejoran levemente respecto de los niveles de crisis pasados y que, por el contrario, las tasas de expansión del mundo emergente,siendo el doble o más que las del mundo desarrollado, para este año y el que viene, han dejado de ser las tasas de boom que dominaron la década. La tasa de interés internacional en suba, Brasil defendiendo su competitividad cambiaria, gran parte de la superdevaluación local agotada, un sustantivo déficit de competitividad dinámica como consecuencia de la ausencia de inversiones y la fatídica fuga de excedentes, hacen un mix de escenario internacional e interno que, finalmente, han hecho retornar la necesidad de abordar con mucha solidez la política macro y tomar la decisión de transformar la estructura exportadora.

El serendipity es eso y la política es construir la capacidad de no necesitarlo.

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