Pensando en la economía del 2015

¿Qué herencia recibirá el próximo Gobierno?

(Columna de Rodrigo Alvarez, economista y socio y director de la consultora Analytica)

Eventualmente, todos los ciclos políticos terminan. Pero la herencia económica es uno de los principales condicionantes para los gobiernos que llegan. La hiperinflación del Gobierno de Raúl Alfonsín tiene como causa inmediata los déficit de presupuesto, pero las raíces más profundas deben buscarse en las desafortunadas políticas de los ‘70. De igual forma que el violento estallido de la convertibilidad en 2001 es sólo comprensible si se entienden las implicancias de la convertibilidad. Ningún ciclo económico es independiente del anterior. No casualmente la Argentina ha mostrado una elevada volatilidad, no sólo en la comparación con países desarrollados sino también contra el promedio de América Latina. Sin embargo, desde 2002 el desempeño económico ha cambiado; se trata de un ciclo de crecimiento inédito, no sólo por su duración e intensidad sino también por la ausencia de crisis.

Se destacan tres características novedosas de la macroeconomía de los 2000. En primer lugar, las transformaciones en el proceso de ahorro e inversión, en las que la inversión pasa a ser financiada en su totalidad por el ahorro nacional. En segundo término, el fortalecimiento de la posición financiera del Gobierno Nacional y, por último, el relajamiento de la restricción externa, acompañada por el aumento de las exportaciones y sus precios internacionales.

Néstor vs. Cristina

La pregunta, entonces, es con qué margen de maniobra estructural se va a encontrar el nuevo gobierno que ser elegido en 2015, sea éste una continuidad del actual u otro. Es evidente que el legado de Néstor fue mucho mejor que el de su esposa en términos de espacio para las políticas públicas. Pero también lo es que el mundo que le tocó timonear a CFK es mucho más complejo. En este nuevo mandato que lleva poco más de un año, parecería que las ventajas estructurales se han esfumado. El ahorro es forzado y mucho menor al de los primeros años de bonanza poscrisis 2001, el Gobierno Nacional tiene que financiar gastos recurriendo a la emisión monetaria y el saldo comercial favorable es sólo alcanzable mediante restricciones a las importaciones. También es cierto que se encuentran operando canales de transmisión de la volatilidad que fueron de relevancia en el pasado, como la persistente inflación y la pérdida de competitividad por la apreciación del tipo de cambio real.

Es difícil esperar un giro abrupto en el corto plazo cuando el foco de la gestión es la batalla política por la sucesión. No es descabellado, entonces, pensar en un crecimiento promedio en torno de 3% para los próximos tres años, muy dependiente del ingreso de dólares comerciales y del ciclo político.

El Gobierno eligió (o la realidad le impuso) un camino con nulo endeudamiento externo, que deriva en un crecimiento poco apalancado. Será un período con inflación elevada, que no se espiralizaría. El Gobierno no la ataca decididamente, pero tampoco le es indiferente.

El 2015 y la energía

En este marco de restricciones, cuál es el margen de maniobra que tendrá el próximo gobierno. ¿Se podrán recuperar los rasgos estructurales favorables del ciclo actual de crecimiento que ahora lucen agotados? Paradójicamente, mucho de este margen dependerá de la gestión de CFK en el sector energético.

El primer elemento clave de la Argentina que viene tiene que ver con el shock de ingreso que puede generar el desarrollo de las reservas de Vaca Muerta. De hecho, si los estados provinciales y nacionales redistribuyen los recursos inteligentemente (infraestructura, educación y salud), el impacto potencial será mucho mayor al de la soja. Sólo recuperando el autoabastecimiento, la Argentina está en condiciones de generar divisas por más de US$ 10.000 M. A fines del año pasado YPF comenzó a mostrar signos claros de avance. Por caso, cerró acuerdos con Chevron para realizar inversiones en forma conjunta y prevé hundir US$ 37.200 M en los próximos cinco años. Ambicioso pero no imposible.

Otro de los rasgos salientes de esta herencia tiene que ver con la bajísima carga de la deuda pública. Las finanzas están estresadas, pero la Argentina no tiene y no tendrá problemas de solvencia. La deuda pública bruta es US$ 183 MM (41,5% del PIB), siendo la deuda externa sólo 14% del PIB. Pero el rasgo más saliente es que a los privados se le debe sólo 13,5% del PIB. El grueso de los acreedores son otros organismos del sector público nacional (22,8% del PIB). Además, el perfil de vencimientos es más que favorable. Excluyendo el cupón de PIB, entre 2013 y 2015 vencen alrededor de US$ 23.000 M entre capital e intereses. Pero lo más interesante es que la carga baja a US$ 15.000 M para los siguientes cuatro años (menos de tres puntos del PIB).

El sistema financiero tampoco exhibe niveles de apalancamiento significativo, con un stock de crédito al sector privado por alrededor de 18% del PIB y deudas con el exterior bajísimas. De igual forma, las empresas y las familias han podido crecer en los últimos años sin recurrir intensivamente al crédito. Las inversiones y el consumo fueron financiados mayormente con recursos propios.

En síntesis, el pesimismo que muchas veces invade los análisis de la coyuntura no pueden perder de vista las oportunidades que se están generando en el mediano plazo. En tres años, la Argentina puede beneficiarse de un shock de ingresos, en este caso del sector energético, que le permita restablecer algunos de los rasgos más favorables de los 2000, como la posibilidad de volver a financiar el salto necesario en la inversión con ahorro y paralelamente relajar la restricción externa sin recurrir a la represión de importaciones. Además, por primera vez desde los ’70, la bajísima carga de la deuda abre un espacio inédito para apalancar el crecimiento de manera prudente y responsable en un marco que seguirá gozando de tasas de interés internacionales bajas.

Domar la inflación será, tal vez, el legado más complejo para la próxima administración. Pero no debería ser un objetivo inalcanzable con un adecuado manejo de las expectativas, con parámetros creíbles y coordinación en la política fiscal, monetaria y de ingresos. La economía es muy dinámica y compleja. Pero por primera vez en muchas décadas parecería que el gran desafío no pasa por desactivar las bombas de gobiernos anteriores sino por alcanzar los consensos necesarios para utilizar inteligentemente las oportunidades que se siguen generando para la Argentina.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *