Expectativas de inflación

¿El Gobierno las comienza a desarmar?

as expectativas de los agentes económicos sobre qué pasará con la inflación en el futuro cercano influencian la tasa de variación de los precios resultante. Si se espera más inflación, muy probablemente la haya. Y las expectativas, hoy, están desancladas.

Como todos los meses, la Universidad Torcuato di Tella realizó su encuesta sobre expectativas de inflación. En el primer mes del año, los sondeados manifestaron que esperan un alza de precios de 30% para 2013 (mediana) y de 35,3% (promedio). Claramente, la batalla de las expectativas se está perdiendo: la gente espera más inflación.

En los últimos días, el Gobierno tomó dos medidas que buscan comenzar a atacar las expectativas de inflación. En primer lugar, y enfocada para el corto plazo, sobresale el acuerdo de precios que la Secretaría de Comercio Interior labró con las principales cadenas de supermercados y electrodomésticos. En principio, el acuerdo se extenderá durante dos meses. Según fuentes consultadas por El Economista, no se descarta que se extienda temporalmente y/o a otros sectores de la economía. La otra medida, más de mediano plazo, es el lanzamiento de un IPC Nacional, anunciado por el ministro de Economía, Hernán Lorenzino. “Estamos previendo poner en vigencia para fines de este año, en el último cuatrimestre, un nuevo índice que reemplazará al IPCGBA”, sostuvo el titular de la cartera económica.

Este renovado intento del Gobierno de atacar las expectativas de inflación tiene una causa principal: evitar que el ritmo de aumento de precios se acelere en un año electoral. No es, al menos hasta ahora, un plan de estabilización clásico ni, mucho menos, una estrategia antiinflacionaria agresiva. Algunos consultores anticiparon que la inflación de enero habría rondado entre 2,5% y 3%, es decir, una tasa anualizada de nada menos que 30-36%. En esta época del año, además, reducir la tasa de aumentos de precios es esencial para la estrategia del Gobierno de utilizar el ancla salarial, ya que las anteriores anclas (tarifa y dólar) se moverán a un ritmo más rápido.

“El Gobierno luce decidido a contener la carrera entre precios y salarios. Lo reconoce elípticamente cuando señala que hay que proteger la competitividad de la economía. La lógica es simple, primero sumar acuerdos con las principales cadenas de supermercados y electrodomésticos para que mantengan sus precios congelados por un tiempo (febrero y marzo). Luego será tratar de moderar las presiones salarialesen las negociaciones con las empresas, que se concentran entre marzo y abril”, sostiene Rodrigo Alvarez, director de Analytica. Si los acuerdos salariales pactados se descontrolan, creen en el Gobierno, también lo hará la inflación. Una economía estancada, o volando bajo, y una inflación en alza es una combinación que el Gobierno buscará evitar.

El “acuerdo” por dos meses se suma a la actualización del piso de Ganancias como incentivos para que los sectores sindicales hagan converger sus reclamos más cerca del 20% que del 30% anual.La Casa Rosada buscará acelerar los tiempos y que los sindicatos amigos cierren acuerdos cercanos al 20% lo más pronto posible. Son negociaciones complejas y cuyos resultados tendrán efectos sobre la economía. Y sobre la política: reducir el salario real, aún a costa de una inflación estable, no puede ser una buena noticia para el Gobierno, y por eso muchos opositores, como Hugo Moyano, apuntarán allí sus cañones. La aceleración de la inflación y la fragmentación sindical le añaden complejidad a las negociaciones paritarias.

En el corto plazo, el congelamiento de precios puede reducir la inflación. Pero, preguntan muchos, ¿qué pasará a partir de abril? Aquí parece haber más pesimismo entre los gurúes. Esta medida por sí sola, dicen casi al unísono, tendrá un efecto de corta duración. “Hoy nos encontramos, hasta el momento, con sólo uno de los ingredientes de los planes de estabilización exitosos del pasado, un acuerdo de precios fijos, limitado a sólo dos meses y a los grandes supermercados y los comercios de electrodomésticos. Los acuerdos de precios son necesarios para estabilizar inflaciones altas como la nuestra, para coordinar expectativasy lograr que las variables se ajusten en base a la inflación futura logrando que los agentes económicos crean que la inflación cederá. Pero muy poco puede aspirarse a estabilizar hoy con un Banco Central que sigue emitiendo a más del 33% anual (llegó hasta el 38% el año pasado), la circulación monetaria creciendo 35% y el déficit fiscal superando el 3% del PIB y financiado por el BCRA”, sostiene Juan José Llach.

Por lo tanto, también deberá seguirse de cerca la dinámica de las variables fiscal y monetaria, más allá de que la prédica oficial no las considera causas de la inflación. Por el lado monetario, un informe de Delphos Investment destaca que el BCRA está esterilizando a un ritmo considerable desde hace algunas semanas, pero aún no es una tendencia firme. Además, se espera que el financiamiento del BCRA al Tesoro se mantenga en niveles altos. Aun no hay datos fiscales sobre el año en curso: en los próximos meses se sabrá si continuará la lógica ortodoxa que el Gobierno pareció insinuar en los últimos meses de 2012 o si, dadala tendencia general del ciclo kirchnerista, el gasto seguirá con su tónica expansiva.

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