Acuerdo de precios

En abril, bajará la inflación o caerá el relato

(Columna de Martín Tetaz, economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales / @martintetaz)

Mercedes Marcó del Pont exageró. En la búsqueda de un contraste potente forzó la lógica argumentativa y lanzó la famosa frase: “Es totalmente falso decir que la emisión genera inflación”. No fue necesario que los periodistas de Página12 que la entrevistaban para la nota central del domingo 25 de marzo del año pasado (Alfredo Zaiat y Tomás Lukin) pidieran mayores precisiones. Sin siquiera tomar aire, la presidenta del Banco Central explicó que “en nuestro país los medios de pago se adecuan al crecimiento de la demanda y las tensiones de los precios están por el lado de la oferta y el sector externo”.

La mención a una política monetaria que sería endógena, en el sentido de depender del nivel de actividad, remite a la vieja discusión entre estructuralistas y monetaristas que tan claramente sintetizó Julio H. Olivera (foto), en oportunidad de su incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Económicas, el 12 de mayo de 1965.

Realmente, como bien explicaba Olivera, resulta muy difícil elucidar la cuestión, puesto que existe lo que en econometría se denomina un problema de identificación, que mantiene escondida la verdadera dirección de la causalidad. No obstante, el galardonado profesor de la UBA desarmó la antítesis hace ya casi 50 años, explicando que era perfectamente posible que convivieran ambas causas de la inflación y considerando que, de hecho, lo hacían. Más aun, en su famoso artículo “La Teoría no Monetaria de la Inflación”, Olivera explicó que en el caso en que efectivamente la emisión fuera endógena “resulta difícil que, ante un alza de precios impulsada por fenómenos ‘reales’, la respuesta de la autoridad monetaria consista en proveer exactamente la cantidad indispensable de medios de pago: aunque se proponga esta línea de conducta, no hay ninguna manera práctica de calcular esa cantidad con precisión. En mayor o menor medida, el ajuste monetario será, pues, imperfecto. Si excede la cantidad precisa, una ola secundaria de inflación de demanda se superpondrá al alza de precios provocada por los factores no monetarios”.

Exactamente ese parece haber sido el caso en nuestro país, donde el PIB a valores corrientes aumentó 142% entre enero del 2008 (comienzo del gobierno de Cristina Kirchner) y enero del 2013, mientras que la base monetaria creció 206,7% en el ínterin. De modo que, más que acomodarse a la expansión de los precios, se excedió 64%. En ese mismo período las reservas internacionales cayeron 9,7% y $ 91.899 millones de la expansión monetaria fueron a financiar al sector público. El período anterior presenta un contraste notable. Desde la asunción de Néstor Kirchner, y hasta la finalización de su mandato, la base monetaria se expandió sólo 132%, al tiempo que en ese lapso el PIB creció 100,5%. No sólo la diferencia es más escueta sino que se corresponde con un incremento de las reservas internacionales del 328% y un financiamiento al Tesoro negativo de $22.553 millones o, puesto en otras palabras, un superávit fiscal con el que se compraban los títulos emitidos por el BCRA.

¿El fin del debate?

Pero todo el debate tiene ahora, gracias a Guillermo Moreno, una oportunidad histórica de ser saldado empíricamente. En efecto, el reciente anuncio de un acuerdo de precios con los principales hipermercados agrupados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), que mantendría congelados por dos meses los valores de una amplia gama de productos, aparece como una oportunidad única para probar que efectivamente la política monetaria es endógena. Entre enero y febrero del 2012, el BCRA absorbió el 70% de la expansión en la base monetaria que había efectuado en diciembre del 2011. Para mediados de marzo del 2012, la cantidad de billetes y monedas estaba un 31,5% por encima del nivel que tenía doce meses atrás.

Si no hubiera existido acuerdo alguno con los supermercadistas, y si la economía siguiera creciendo como entonces, la tasa de absorción debería ser de, por lo menos, el mismo porcentaje en los dos primeros meses del 2013.

Pero la economía está estancada, lo cual implica que no hay razón para expandir la base a los efectos de acomodarla a un nivel mayor de actividad y si en el acuerdo de precios se suman los supermercados chinos y otros grandes que quedaron afuera del trato inicial, como muy probablemente suceda, la tasa de emisión debería caer drásticamente en marzo y abril. Si ello sucede se desactivará la bomba circular del huevo y la gallina que constituyen la emisión y la inflación y probablemente se logre que las expectativas inflacionarias caigan del 35% actual (según la medición de la Universidad Di Tella) hacia un rango de 20 al 25%, como los que prevalecían en el 2007, antes del inicio del actual modelo económico.

Y si persiste la combinación de control de precios y bajo crecimiento de la cantidad de dinero, es incluso plausible pensar que vuelvan a estar por debajo del 13% como en 2006, cuando se comenzó a relevarse este indicador. Con niveles de emisión más bajos (o nulos), expectativas de inflación deprimidas, y tipo de cambio controlado y cuasi congelado, el problema de identificación al que hacía referencia Olivera estará solucionado: a partir de abril la inflación debería bajar drásticamente y, si ello no ocurriese, pues los únicos culpables serían, entonces sí, los formadores de precios.

Salvo, claro está, que la emisión no ceda y que el acuerdo de precios de Moreno termine sirviendo para probar que la política monetaria no es endógena.

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