Heterodoxos tipo 1 y 2

Dos visiones sobre la economía.

En los últimos dos años, la economía argentina presenta nuevamente importantes problemas de competitividad. En 2012 el tipo de cambio real contra el dólar volvió a los guarismos del 2001, y en 2013 todo indica que estará por debajo de dicho nivel. Si bien en la medición multilateral aún supera al tipo de cambio real observado al final de la convertibilidad, ahora existe una serie de problemas que no estaban presentes en aquel momento, como una presión tributaria sin precedentes, peor clima de negocios y menor acceso al financiamiento internacional, entre otros. Desde la visión de las autoridades económicas, no existe tal problema de competitividad, aun cuando a mediados de la última década se planteaba la importancia de contar con un tipo de cambio real alto, dados los objetivos del modelo económico en curso.

Ante los desequilibrios externos y el retraso cambiario que se visualizaban a mediados de los ’90, José Luis Machinea y Pablo Gerchunoff plantearon en “Un Ensayo sobre la Política Económica después de la Estabilización” que los economistas ortodoxos tenían posiciones diferentes frente a dichos desequilibrios externos y los problemas de competitividad. Así, identificaban a los ortodoxos Tipo 1, para quienes los problemas de competitividad no existían, ni resultaban preocupantes los desequilibrios externos, por cuanto hasta ese momento el sector público estaba equilibrado. Si el sector privado decide gastar menos, pensaban, se cerrará automáticamente el desequilibrio externo.

En cambio, los ortodoxos Tipo 2 sí creían que existía un problema, y afirmaban que la expansión del gasto público generaba la apreciación cambiaria. La propuesta de política ya no era la inacción sino la reducción del gasto público, para generar deflación y mejorar el tipo de cambio real por esa vía. Coincidían en la necesidad de reformas estructurales como instrumento para flexibilizar los precios. Con tipo de cambio fijo por ley, la deflación de precios sería el camino para la suba del tipo de cambio real. Problema: por inflexibilidad a la baja de precios, y especialmente de salarios, si se parte de una situación de fuerte apreciación cambiaria normalmente la deflación nunca resulta suficiente para corregir los problemas de competitividad y los desequilibrios externos, deviniendo entonces la estrategia deflacionaria social y políticamente impracticable. Varias experiencias internacionales y locales abonan esta visión.

Los heterodoxos

Entre los economistas heterodoxos, menos creyentes en el funcionamiento libre de los mercados y más interesados en la intervención estatal, también puede ensayarse una clasificación en base a sus visiones sobre la competitividad de la economía. Así, pueden distinguirse los heterodoxos Tipo 1, que no se preocupan por los problemas de apreciación cambiaria, ya que consideran que una depreciación de la moneda deprimiría el salario real, y con ello el consumo interno. Priorizan una economía cerrada y la expansión del mercado interno, intentando compensar la apreciación cambiaria con políticas tales como mayor protección comercial, controles de cambios y otras que terminan deteriorando la capacidad exportadora del país y, con ello, asegurando una crisis externa a futuro.

Los heterodoxos Tipo 2, en cambio, aun con su natural desconfianza hacia los mercados, consideran que un país debe desarrollar una estrategia equilibrada en sus prioridades entre los mercados internos y externos, y que ello requiere mejorar las condiciones de competitividad de la economía, entre ellas, no dejar apreciar excesivamente la moneda.

Creen en el crecimiento liderado por las exportaciones, y que ello amerita una estrategia en tal sentido. En la experiencia internacional pueden identificarse muchos países que han visto crecer sus economías en las últimas décadas, preponderantemente con una fuerte expansión de sus exportaciones. Esto es, dando importancia a su competitividad, pero no sólo a la cambiaria, sino que también se preocuparon por sus recursos humanos, infraestructura, calidad institucional, eficiencia en el sector público, estabilidad económica y la promoción de las ventas al exterior, entre otras estrategias.

Muchas economías asiáticas han crecido fuertemente en las últimas décadas, muchas de ellos con estrategias generalmente más cercanas a las de los heterodoxos Tipo 2, si bien con diferencias importantes por el grado de intervención estatal aplicada. Pero siempre asegurando ambientes competitivos para sus exportaciones. El despegue de la economía de Chile está asociado fundamentalmente a la gestión de Hernán Buchi, un ortodoxo Tipo 2 que desde 1985 se preocupó por generar una economía competitiva y con alta inserción externa. Ello ocurrió tras el fracaso de los ortodoxos Tipo 1 que habían manejado la economía chilena al comienzo de la gestión del gobierno de facto, dejando apreciar fuertemente la moneda local hasta caer en una profunda crisis económica y financiera en los primeros años de los ochenta.

Historia reciente y desafíos

En la Argentina, los ortodoxos Tipo 1 llevaron también a una marcada apreciación cambiaria (la “tablita”) y posterior crisis económica y financiera a comienzos de la década del ochenta, y subestimaron los problemas de competitividad a finales de los noventa, con los resultados conocidos. Tras la salida de la convertibilidad primó un período más cercano a los heterodoxos Tipo 2, hasta el 2006, cuando se planteaba la importancia de contar con un modelo competitivo exportador. Desde 2007 las características de la política económica se parecen más a las de los heterodoxos Tipo 1, visión que resultó preponderante en la Argentina en buena parte de las últimas seis décadas del Siglo XX. Su error fue siempre subestimar los problemas de competitividad, preocupándose sólo por la expansión del mercado interno, y no tanto de las ventas al exterior con mayor valor agregado. Tal enfoque constituyó siempre un pasaje seguro al problema de la restricción externa.

Sin dudas, la Argentina necesita poner en práctica una política de Estado en materia de competitividad, que garantice que un modelo de inserción externa de la producción de bienes y servicios locales se mantenga a largo plazo y no quede sujeto a los avatares del ciclo económico o político interno. Esa condición resulta clave si se desea que el país crezca en períodos largos. No es lo que se está observando en estos últimos años. Se debe tomar nota, aprender de errores pasados y corregir el rumbo.

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