Sube la espuma en la guerra de las cervezas

Hacia la fusión entre Grupo Modelo y AB InBev.

Por donde se lo mire, es un perfecto matrimonio de conveniencia. Uno de los integrantes de la pareja que podría quedar formalizada en los próximos días es Cervecera Modelo, fundada en 1925, líder absoluta del dinámico mercado mexicano, séptima en el ranking mundial del sector y dueña de la famosa marca Corona, la más vendida en Estados Unidos entre las cervezas importadas. Esto le permitió generar el año pasado una facturación total de US$ 6.500 millones (7% más que en 2010) y aumentar sus utilidades en 18%, para rozar los US$ 1.300 millones. El grupo es dueño de trece marcas de cerveza, además de su vedette indiscutible, Corona, que se exporta a 180 países.

El pretendiente es un verdadero coloso: Anheuser-Busch InBev, un grupo belga-brasileño, que ostenta en su cartera marcas tan emblemáticas como Budweiser, Skol, Stella Artois, Becks, Brahma y Antartica. Firmemente instalado en el tope del podio global de la industria, se manifiesta dispuesto a depositar una dote de US$ 12.000 millones para concretar la unión. Los motivos que sostienen su entusiasmo no son menores. El control total de Modelo le permitirá disfrutar del dominio del mercado mexicano, que crece a un saludable ritmo del 2 al 3% anual, y donde únicamente debe enfrentarse a Heineken, otro jugador de clase mundial (que dos años atrás le compró a la embotelladora FEMSA su división de cervezas). Y no sólo eso: se espera que la operación genere sinergias que podrían materializarse en ahorros de US$ 250 millones anuales y fortalecer la ya sólida presencia de Corona en Estados Unidos, apelando a su extensa y eficaz red de distribución.

Actualmente, la marca mexicana circula en el mercado estadounidense a través de un joint venture con la comercializadora Constellation. La historia que precede a este anunciado enlace es bastante más extensa que las que suelen caracterizar a los procesos de fusión internacional y viene marcada por un signo de permanente conflicto.

AB InBev cuenta ya con una participación del 50% en el capital del Grupo Modelo, aunque su derecho a voto es algo inferior: ocupa sólo nueve de los 19 sillones del directorio. Adquirió este activo en 2008, como parte del acuerdo de compra de las acciones de otro líder de la industria, Anheuser-Busch, que movilizó US$ 52.000 millones. A partir de entonces, la convivencia con las familias mexicanas que controlan el manejo de la empresa fue inestable y en ocasiones abiertamente hostil.

Los directivos locales llegaron a plantear un litigio con el argumento de que no se les había solicitado su aprobación para concretar el negocio de la fusión. Perdieron la batalle en los Tribunales dos años después, pero aseguraron entonces públicamente que no cederían su control de la compañía a manos de AB InBev. Evidentemente, el tiempo logró torcerles el brazo. Ahora, el único punto en discusión entre las familias fundadoras y su gigantesco socio global es el precio final que se pagará por la cervecera mexicana. Los US$ 12.000 que, según los analistas, estarían dispuestos a pagar los directivos de AB InBev superan apenas marginalmente la suma que actualmente deberían desembolsar en el mercado de valores para completar su control sobre el capital: US$ 11.350 millones

Enemigos íntimos

Los antiguos dueños del Grupo Modelo saben que para AB InBev resulta estratégica esta operación, que le permitiría consolidarse en el continente americano, que le aporta ya el 90% de sus ingresos. El corazón de este imperio late en Brasil, pero sus operaciones manufactureras se extienden a 30 países y vende sus productos en 130 mercados nacionales. La concentración de los negocios fuera del ahora desfalleciente mercado europeo representa otra señal favorable para sobrellevar la crítica coyuntura global. Para la compañía, la adquisición del control total de la marca Corona representa, además, un paso en la dirección adecuada para afirmar su presencia en Estados Unidos, el mayor consumidor global.

Según las investigaciones de la consultora Nielsen, la palanca que mueve las ventas de cerveza en el mercado estadounidense se encuentra, a diferencia de lo que ocurría hasta un par de décadas, en el segmento superior de la categoría: productos importados, premium y artesanales, que ascienden a expensas de las marcas más tradicionales, como Coors y Miller. Budweiser, otro clásico, logra mantener su posición. Pero las verdaderas joyas del tesoro que ha logrado reunir el consorcio AB In- Bev son las múltiples marcas locales, muchas de ellas semiartesanales, que logran atraer el nuevo gusto de los consumidores en todo el mundo y registraron un notable crecimiento del 11% en Estados Unidos durante el último año, llamativo, sobre todo, si se lo compara con el 2,7% de expansión que mostró el mercado mundial de la cerveza el año pasado.

Arriba los emergentes

La tendencia mundial del sector muestra a los grandes operadores globales buscando ganar lugar en los mercados emergentes para compensar el estancamiento o la caída del mundo industrializado. Y para eso se los ha visto dispuestos a pagar elevados precios de entrada, con la compra de empresas locales que puedan exhibir marcas fuertes y buenas redes de distribución. La suma récord (US$ 52.000 millones) se registró con la fusión de Anheuser Busch, la dueña estadounidense de Budweiser, y la belga-brasileña InBev. Según expertos del banco Credit Suisse, la operación contribuyó a elevar las ganancias del consorcio en US$ 3.000 millones en el último quinquenio.

Otro cambio de hábitos relativamente reciente también enciende luces de advertencia en la industria. En Europa y Estados Unidos, los consumidores tienden, cada vez más, a destapar las botellas y latas en su hogar, en lugar de instalarse en pubs y bares. Esto puede afectar seriamente las ganancias de las cerveceras, debido a las grandes diferencias de rentabilidad que se registran entre los precios del supermercado y los de un local abierto al público.

La consolidación del negocio también asoma como un movimiento irrefrenable: los cuatro grandes jugadores controlan la mitad del mercado mundial, cuando en 1998 su dominio llegaba al 22%. Y esto, en términos de volumen. Si se consideran las cifras de ventas la hegemonía actual sube a dos tercios del total.Las evidencias están a la vista. Hace apenas tres meses, AB InBev cerró la operación de compra de la Cervecería Nacional Dominicana por algo más de US$ 1.200 millones. Para la misma época, Molson Coors compró a la checa StarBev por unos US$ 3.500 millones. Y el año pasado SAB Miller adquirió la cervecera australiana Foster’s por US$ 11.800 millones.

Recuadro I: Un clásico global

Después del agua y el té, la cerveza es la bebida más consumida en todo el mundo. Cada año, se venden 133.000 millones de litros que generan ventas por US$ 295.000 millones. Los investigadores de mercado estiman que el sector creció 2,7% en 2011 y que este año podría alcanzar una expansión similar. Lo cual revela una tendencia positiva, si se considera que en 2010 el aumento fue de sólo 1,6% y en 2009 resultó casi nulo (0,4%).

Recuadro II: ¿Dónde están los consumidores?

Estados Unidos es, por lejos, el mayor consumidor mundial de cerveza. El año pasado la industria sumo allí ventas por US$ 98.000 millones. Y no se trata sólo de una mera cuestión demográfica. La demanda per capita supera los 80 litros anuales. Muy por encima, sin duda, de los mercados europeos occidentales donde nació y creció la tradición artesanal que daría origen a las grandes vedettes del negocio. Allí, el consumo ronda los 70 litros por año y por persona; diez litros más que el promedio que ostenta la mitad oriental de la región. América Latina ocupa el tercer puesto del mercado global, con cincuenta litros por habitante. Y casi llega a duplicar la tasa mundial de consumo, que se calcula en torno a algo menos de treinta litros anuales. El promedio global decae, sobre todo, por las cifras relativamente bajas que exhibe el populoso mercado asiático, que apenas demanda veinte litros por año por cada habitante (a pesar de que, en la última década, ha mostrado una fuerte tendencia ascendente). Africa es la región más renuente al hábito de consumir cerveza, con apenas doce litros per capita (aunque, también allí, se registran fuertes índices de crecimiento del sector, cercanos al 5% anual).

Recuadro III: El top-10 de la industria:

1 AB InBev

2 SAB Miller

3 Heineken

4 Carlsberg

5 Tsingtao

6 Molson Coors

7 Grupo Modelo

8 Beijing Yangjing

9 Kirin

10 Asahi

(De la edición impresa)

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