Las cuentas provinciales

¿Y si no hay prestamista de última instancia?

(Columna de opinión de Nadin Argañaraz, presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal -IARAF-)

En nuestro país, un lugar común de los análisis económicos fue decir que las crisis fiscales se manifestaban anticipadamente, o incluso se originaban, en sus provincias. Si bien esto puede resultar en parte cierto, no debe soslayarse el marcado desequilibrio fiscal vertical en nuestro país: del total de los ingresos del sector público, el nivel nacional administra el 75%, las provincias 21% y los municipios el restante 4%. En forma no análoga, la Nación se hace cargo del 54% de todos los gastos públicos en el país, mientras que las provincias son responsables del 37% y los municipios afrontan el 9%. Resulta evidente la necesidad de un sistema de transferencias intergubernamentales y, más evidente aún, que si estas transferencias no guardan un grado de automaticidad y de respeto a criterios de objetividad, el sistema pasa a ser ineficiente, arbitrario y favorecedor del centralismo.

El panorama anteriormente descripto muestra sus consecuencias más negativas en períodos de desaceleración económica. Esto es así puesto que en los distintos niveles de gobierno los ingresos corrientes tienen una fuerte vinculación directa con lo que ocurra con los niveles de actividad, es decir, son procíclicos. Una estructura tributaria que depende fuertemente de los impuestos indirectos (como el IVA, impuestos internos y específicos, ingresos brutos, entre otros) otorga crecientes niveles de recaudación cuando la economía crece. Puesto que generalmente estos ingresos en aumento son utilizados casi en su totalidad para llevar a cabo gasto corrientes que son inflexibles a la baja (por ejemplo en las provincias, en promedio, el gasto en personal es del 50% del total), no resulta extraño que períodos de desaceleración de la actividad, por lo descripto, comprometan fiscalmente al sector público argentino.

Así, la llegada de cualquier episodio de desmejora económica enciende luces rojas, que aparecen primero en el nivel provincial y municipal dado sus estructuras de gastos. El notable desequilibrio fiscal vertical en nuestro país resuelto deficientemente a través del sistema de transferencias vigente, lleva a que la mirada y las discusiones se empiecen a posar sobre las causas del problema de deficiencia de ingresos subnacionales cuando este ya se está manifestando con todas sus consecuencias socioeconómicas a la vista.

En ese punto, recordaremos una vez más que se incumple el mandato constitucional de contar desde 1996 con una ley de coparticipación que respete los criterios ideales de distribuir recursos en relación directa a las competencias, servicios y funciones de cada una de ellas contemplando criterios objetivos de reparto. Dependiendo de la profundidad del período recesivo, estas discusiones podrán resultar acalladas si al nivel superior de gobierno le queda margen fiscal para incrementar los fondos discrecionales enviados como paliativo a los niveles inferiores de manera general o particular (como recientemente atestiguan por caso los programas de asistencia financiera, el FFS introducido en 2009, y el Programa Federal de Desendeudamiento de 2010-11 y su renovación para 2012- 13).

Sin embargo, una recesión más profunda puede dejar al nivel nacional sin excedentes fiscales para acudir en auxilio de las provincias. Históricamente, frente a estas situaciones las provincias encontraban su auxilio en el endeudamiento. La incógnita fiscal que surge actualmente, con la vía del endeudamiento prácticamente cerrada, es qué harán las provincias si el rescate nacional no apareciera en tiempo y forma.

(De la edición impresa)

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