La inversión, clave del futuro

Una variable esencial para el desarrollo y el cambio estructural.

(Columna de opinión de Bernardo Kosacoff)

La economía argentina se enfrenta actualmente con nuevos dilemas en el manejo de la política económica que le permita sostener el sendero de desarrollo sustentable y generar un dinámico proceso de cambio estructural. El incremento de la inversión, acompañado de mejoras en la productividad, la participación creciente de mano de obra calificada y una aceleración de las exportaciones son parte esencial de un círculo virtuoso para sostener la fuentes de crecimiento en el largo plazo.

A diferencia del año pasado, cuando la tasa de inversión alcanzó un significativo valor del 24% del PIB, se verifica con preocupación en el primer semestre de 2012 la caída de la tasa de inversión en el orden del 15%, con una disminución de los volúmenes de importación de bienes de capital cercanos al 35%, acompañados con el freno de la construcción y la inversión pública. Asimismo, se observa una desaceleración de las exportaciones con mayores contenidos tecnológicos y de producciones regionales, que se enfrentan simultáneamente con costos internos que le generan pérdidas de competitividad, con mercados externos más restrictivos y con las crecientes represalias comerciales en varios mercados.

El aumento adicional de la inversión es un tema clave. Invertir significa difundir externalidades positivas a través de la generación de riqueza, empleo y capacidades. La respuesta empresarial a una demanda sostenida, con plena utilización de la capacidad instalada, puede estar asociada a ajustar más por precios que por cantidades, y a su vez por abastecerse vía importaciones más que por inversiones. Poner todos los incentivos y disminuir las incertidumbres para fortalecer el proceso de inversiones es uno de los pilares de un desarrollo sustentable. Invertir significa tomar una decisión en el presente que compromete el futuro. Significa un hecho trascendental en la estrategia empresarial en el cual se adquieren máquinas y equipos específicos que no tienen otra posibilidad de uso por más de dos décadas; que requieren simultáneamente el reclutamiento y calificación de los recursos humanos; desarrollar capacidades tecnológicas; insertarse en los mercados internacionales; crear y fortalecer firmas proveedoras y disponer de energía, entre otros factores, lo que requiere, a su vez, de disponer de un mercado de capitales que le brinde el financiamiento a largo plazo.

Deben establecerse adecuadamente las reglas de juego y ponerse los incentivos para hacer prevalecer el desarrollo de las capacidades empresariales en la producción de bienes y servicios. Generar las condiciones sistémicas para la inversión está asociado a tener bien alineados los precios macroeconómicos, disminuir los costos de transacción, profundizar y desarrollar los instrumentos de financiamiento a largo plazo y mejorar el modelo de la organización productiva.

En este último aspecto, es necesario transitar una dinámica de cambio estructural aún ausente, en la cual se desarrollen proveedores especializados, se fortalezca la infraestructura –en particular la energía–, se califiquen permanentemente los recursos humanos y se fortalezcan los desarrollos tecnológicos, entre otros factores. Las experiencias exitosas muestran que la articulación de los esfuerzos privados y los instrumentos de política pública juegan un papel central para generar las condiciones de inversión.

(De la edición impresa)

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