El piloto automático no sirve para bajar la inflación

Esta vez será diferente (a 2009).

Un diálogo de sordos se consolida en la Argentina. El Gobierno anuncia medidas para apuntalar el consumo en medio de una desaceleración de la economía que es más profunda de lo imaginado. Y los economistas, que piensan con una lógica diferente, advierten sobre los riesgos de las políticas expansivas. Para ellos el monstruo es un viejo conocido y tiene nombre: inflación.

Es verdad que el Gobierno reconoce que hay tensiones en los precios. Y que para resolverlas es necesario aumentar la oferta porque la verdadera causa de la inflación está en algunos cuellos de botella y la concentración en algunos sectores. Pero para el grueso de los economistas esto no es tan así. Aun cuando el Gobierno dio algunas muestras (en los últimos meses) de que morigerar el crecimiento de los agregados monetarios y fiscales, la mayoría dice que hay que hacer mucho más.

Juan José Llach, director del Departamento de Economía del IAEUniversidad Austral, sostiene que la tasa de inflación no bajará si no hay cambios en la política económica. Lo que dice Llach es relevante porque podría esperarse que el ritmo al que aumentan los precios baje en un año de crecimiento bajo o casi estancamiento. Pero eso no sucederá en 2012.

En 2009 la economía entró en recesión y la tasa de inflación disminuyó significativamente. Llach dice que eso no pasará este año. ¿Hace falta un plan de estabilización entonces? “Para reducir una inflación del nivel existente es necesario coordinar expectativas con un plan que incluya ciertos acuerdos de precios junto con una moderación de la emisión monetaria, algo que está ocurriendo hoy pero en dosis homeopáticas. Lo anterior lleva, a su vez, a la necesidad de desacelerar el gasto público ya que una amplia parte del mismo está siendo financiada con ‘adelantos’ del BCRA”.

Por supuesto que el tema no es tan sencillo como plantea Llach. Y así lo reconoce. “Las dificultades de varias provincias para pagar sueldos y aguinaldos revelan que los ajustes suelen ser socialmente más costosos cuando no se atacan los problemas a tiempo. Aun sin coordinación de expectativas y sin un acuerdo de precios y salarios, impensable hoy por la fractura sindical, sería posible reducir la inflación con las mencionadas políticas fiscales y monetarias, implementándolas, como quien juega al distraído, disimulando y no herir el relato”.

Cada vez son más los datos de la economía real que muestran señales recesivas, mientras la inflación no baja del 23%/25% al año. Según Llach “podría tratarse de una estanflación, la misma que la Argentina contribuyó a bautizar hace exactamente cincuenta años (1962- 63), cuando el PIB caía al 1% anual y la inflación era del 26%. Pero si la recesión llegara a instalarse ya no sería estanflación –estancamiento más inflación– sino algo más extraño y difícil de corregir dado que en recesión se espera que la inflación baje y presente niveles moderados. Todavía es posible combatir al mismo tiempo la inflación y la tendencia recesiva, pero queda poco tiempo”.

(De la edición impresa)

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