El dilema del segundo semestre

Opciones de política y costos de oportunidad.

(Columna de opinión de Lorenzo Sigaut Gravina y Juan Pablo Paladino, economista jefe de Ecolatina y coordinador de Estudios y Análisis de Ecolatina, respectivamente)

El cierre del primer semestre de 2012 no ha sido auspicioso. El estancamiento de la economía es notorio, la inflación no cede, la tensión cambiaria persiste, la situación fiscal del Sector Público consolidado (Nación + provincias) se deteriora, y, pese a las trabas a la demanda de dólares (venta de divisas, giro de utilidades e importaciones), las reservas internacionales no crecieron. Como hemos mencionado, el shock negativo sobre las expectativas ha jugado un rol importante en el deterioro de la coyuntura económica. La mayor incertidumbre y desconfianza repercutieron en las decisiones de hundir capital. Según nuestras estimaciones la inversión cayó 5% i.a. en el semestre y muestra un retroceso –en términos desestacionalizados– desde fines de 2011.

No sorprende el deterioro de la actividad cuando la variable que lidera el ciclo económico entró en “recesión”. En el segundo trimestre se observó una caída –interanual– de tres sectores clave: agropecuario, construcción e industria. Más aún, el enfriamiento de la economía comienza a debilitar al mercado laboral y al consumo. Lo que sí sorprende es la resistencia del proceso inflacionario. Pese al menor dinamismo de la demanda interna, la suba de precios no aflojó en la primera mitad del año. La inercia, las expectativas, la brecha cambiaria y las trabas a la compra de divisas, están jugando un papel clave. En un contexto de baja demanda de dinero e imposibilidad de comprar dólares oficiales para atesoramiento –recientemente oficializado–, los agentes terminan gastando buena parte de los pesos que no desean acumular.

Si a esto se le suma una mayor emisión para financiar al Fisco, las presiones inflacionarias van a persistir incluso en un escenario recesivo. Hasta ahora no se ha utilizado el nuevo límite de Adelantos Transitorios del BCRA para financiar al Tesoro, pero la situación fiscal del Sector Público Consolidado sigue deteriorándose. Por el freno de la actividad (y la caída del sector externo) la recaudación Nacional cayó en términos reales en los últimos dos meses y la principal provincia argentina ha desdoblado el pago de aguinaldo por no tener fondos suficientes. Además, la presión cambiaria continúa. Si bien el Gobierno ha deslizado algo más el tipo de cambio oficial en el primer semestre (5%), no ha podido controlar al dólar paralelo: la brecha se consolidó en niveles no menores al 30%.

Pese a los crecientes controles sobre la demanda de dólares, las reservas internacionales cerraron junio en niveles similares a los de fin de año pasado. El BCRA compró la mayor parte de los dólares excedentes del mercado cambiario pero no pudo acumular divisas por los vencimientos de deuda (con otros bancos internacionales y del Tesoro Nacional) y por la caída de los encajes (producto del retiro de los depósitos en dólares de los bancos locales).

Hacia adelante el Ejecutivo Nacional deberá decidir si implementa una política anticíclica para apuntalar la economía. La reciente ratificación de la estrategia cambiaria no augura una recuperación de las expectativas, con lo cual sólo queda aplicar una política fiscal expansiva. Sin acceso al endeudamiento externo, el Ejecutivo deberá recurrir a fuentes internas. Tras el anuncio del ambicioso plan de créditos para la construcción de viviendas, la posibilidad de conseguir financiamiento genuino dentro del propio sector público es baja, por lo que sólo queda disponible la emisión monetaria. Una mayor monetización del déficit fiscal puede impulsar la demanda en el segundo semestre, pero implica volcar más pesos en una economía con baja demanda de dinero y elevada brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, lo que debilita la estabilidad cambiaria a futuro. Si el Ejecutivo no aplica una política fiscal expansiva, el deterioro de la actividad puede ser más pronunciado pero no sumaría presión al mercado cambiario. La única manera de quebrar este dilema sería recuperando las expectativas, pero esto no se consigue de un día para el otro. Por suerte, el mundo no se nos ha caído encima. La soja a US$ 600, cierta descompresión de la situación europea y una incipiente recuperación de las ventas de automóviles en Brasil, apuntalan algo las perspectivas para la segunda mitad del año.

(De la edición impresa)

Te puede interesar

One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *