Ciclo y dudas en energía

¿Llegarán las inversiones necesarias?

(Columna de opinión de Fernando Navajas, economista jefe de FIEL)

Entender el estado y las perspectivas de los desbalances que el sector energético está trasladando a la macroeconomía requiere separar en los elementos coyunturales y los estructurales o tendenciales que están afectando la demanda y la oferta de energía. La particularidad del momento actual del sector es que tanto elementos coyunturales o cíclicos, como estructurales o tendenciales, están o pueden estar cambiando. Los primeros (todos favorables para la evolución del desbalance externo) se deben a la caída en la actividad económica –en particular la industria-, a la baja más reciente en el precio internacional del petróleo y a las temperaturas más moderadas en promedio. Los segundos son muy especulativos y se deben a la posibilidad de cambio o quiebre de tendencia de la producción local en virtud de nuevos esfuerzos que podrían gestarse en el sector.

La diferencia entre ambos elementos radica en su distinto grado de incertidumbre. Hoy no es para nada incierta la desaceleración de la demanda de energía, pero sí muy incierta la magnitud y velocidad con que la oferta de energía puede reaccionar. Al margen de las interpretaciones optimistas de las tendencias de largo plazo que atribuyen el actual desbalance energético argentino a una pausa o transición en un ciclo largo de abundanciaescasez- abundancia (en particular gas natural), lo cierto es que la incertidumbre sobre el “cuánto” y el “cuándo” hacen que la caracterización de la extensión de la transición sea muy incierta. Y los datos de la experiencia internacional en economías con yacimientos maduros (y síndrome de peak-oil) que pueden abrirse a inversiones y nuevas tecnologías no convencionales no validan imaginarse que la oferta de energía va a reaccionar como un “yo-yo” sino que sólo podrá reaccionar positivamente en el mediano plazo en un contexto de fuertes inversiones del sector.

Es en este terreno en donde se juega el partido del desbalance energético argentino. Y en donde todavía subsisten las incertidumbres sobre la economía que va a estar detrás del plan de negocios del sector y en particular del presentado por YPF. Mientras tanto, en el corto plazo la única señal cierta viene de la demanda de energía, de la bonanza de precios más bajos del petróleo y de un clima que hasta ahora ayuda. El lado de la producción de petróleo y gas sigue siendo incierto y sujeto a vaivenes, porque los últimos eventos en Cerro Dragón generan dudas.

La menor demanda hizo espacio para que el mayor gas natural importado vaya al sector eléctrico y sustituyera –a menor costo– combustibles líquidos, reduciendo el déficit fiscal en cabeza de CAMMESA (pero trasladando el mismo hacia ENARSA). Otros desarrollos preocupantes son el agravamiento de la situación de las distribuidoras eléctricas y la acumulación de desbalances con CAMMESA y, en términos más generales, la parálisis conceptual y operativa respecto a encontrarle una salida al atraso más largo y profundo de la historia tarifaria argentina.

(De la edición impresa)

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