Brasil: ¿ya pasó lo peor?

Una variable clave para la Argentina.

(Columna de opinión de Luciano Cohan, economista jefe de Elypsis)

La economía brasileña se mueve cerca de la recesión. Tras un largo período de desaceleración desde comienzos de 2010, su crecimiento se volvió nulo en el segundo bimestre del año, arrastrado principalmente por un sector manufacturero que desde la crisis de 2008 no logra tomar vuelo. Estancada desde marzo de 2010, cuando recuperó los registros previos a la crisis, la industria brasileña comenzó una lenta pero persistente declinación, acumulando una caída de 3,7% desde el máximo de 2011. Parte de esta desaceleración fue inducida en respuesta a la presión inflacionaria que, entre mediados de 2009 y de 2011, se aceleró de 4% a 7%.

La desaceleración responde, en parte, a la recomposición de la posición fiscal tras la fuerte expansión durante la crisis, cuando el superávit primario pasó de 4% del PIB a 1% en 12 meses, desde donde se recuperó hasta el 3,1% actual. La política monetaria acompañó también el sesgo contractivo. Entre abril de 2010 y agosto de 2011 el COPOM elevó 400 puntos la tasa Selic, convalidando un real fuerte que en junio de 2011 alcanzó un valor 11% por arriba de los registros durante el Plan Real de la década del noventa.

En este marco de desaceleración inducida, la economía se vio golpeada por una sucesión de shocks. En primer lugar, una severa sequía –la peor en medio siglo– afectó la producción agrícola con caídas de 13% en la cosecha de soja, 10% en café o 6% en azúcar, entre las más importantes, acumulando una contracción de 8,5% en el PBI agropecuario del primer trimestre. En segundo lugar, el deterioro de la situación financiera internacional en la segunda mitad de 2011 –que afectó la confianza empresarial y los flujos de cartera y de inversión extranjera directa– llevó a una contracción de la formación bruta de capital de 2,1% en el primer trimestre, principalmente concentrado en capital reproductivo, en tanto la construcción sigue creciendo a buen ritmo. En tercer lugar, la industria brasileña se vio afectada por la menor demanda internacional de sus productos: la exportación representa el 20% de la demanda final de la industria. Las exportaciones registraron un crecimiento de tan sólo 4% entre enero y mayo, arrastrada por la menor demanda europea (-5% interanual) y, principalmente, por una abrupta contracción en las exportaciones al Mercosur, destino del 20% de las exportaciones industriales brasileñas, que llegaron a caer hasta 20% interanual en abril. Esta caída es la contracara de la política comercial argentina recrudecida desde noviembre de 2011, con Brasil como principal afectado, que contrajo en 14% las compras argentinas desde el país vecino durante los cinco primeros meses del año, en fuerte contraste con los otros orígenes, en los que no se registró caída alguna.

¿Qué puede, en este marco, esperarse para la economía brasilera en el corto plazo? En primer lugar, el consumo se presenta como el único sostén de una demanda debilitada, con un crecimiento de 2,5% durante el primer trimestre del año. La caída de la inflación desde mediados de 2011 afectó positivamente la capacidad de compra del salario (que crecía en abril al 6% real interanual) lo cual, combinado con una confianza del consumidor que mostró en abril su mejor registro desde comienzos de 2011, apuntala las expectativas del consumo para este año.

En segundo lugar, el Gobierno respondió con un visible giro en sus políticas económicas. Por un lado, el ha cuidado hasta ahora la “munición” fiscal con un tibio estímulo con créditos subsidiados, recortes de impuestos a electricidad y automóviles, entre otros, sin modificar su objetivo de 3,1% para el año. Por otro, descargó el grueso del sesgo expansivo sobre la política monetaria y cambiaria. Así, la tasa Selic se redujo 400 puntos hasta alcanzar el menor registro de su historia llevando al tipo de cambio a superar los 2 reales por dólar. En conclusión, el Gobierno volcó parte de su herramienta anticíclica tras un primer semestre que sorprendió con un enfriamiento más intenso al esperado, guardando la fiscal para el caso de que los nubarrones instalados en Europa desde hace tiempo se conviertan en tormenta abierta.

Las primeras señales indicarían que la economía está respondiendo favorablemente al set de medidas y que lo peor podría haber quedado atrás. Ojalá así sea, porque si lo es, la alegría no será sólo brasileña.

(De la edición impresa)

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