¿Una revolución de mercado?

Perspectivas del petróleo.

El año que viene podría marcar un hito para el mercado de los hidrocarburos. Por primera vez, las economías en desarrollo demandarán más petróleo que el mundo industrializado. La Agencia Internacional de Energía (AIE) acaba de lanzar oficialmente este pronóstico, advirtiendo que los países que no pertenecen al club de los ricos (la poderosa Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico) comprarán unos 45,7 millones de barriles por día, lo que equivale a 600.000 b/d más que lo que demandarán en conjunto las potencias desarrolladas.

El fenómeno fue largamente anunciado por las tendencias económicas de los últimos años: un vigoroso crecimiento de gran parte de Asia, Rusia y América Latina, en contraposición con las interminables tribulaciones de Estados Unidos y la Unión Europea, hacía de este hecho algo inevitable. La actual crisis no ha hecho más que acelerar el vuelco. En el mundo industrializado, la demanda de crudo viene en declive desde mediados de la década pasada (con la excepción de 2010, cuando mostró un repunte momentáneo). Lo opuesto se registra entre las economías emergentes, lideradas por China, con su crecimiento económico concentrado en sectores de demanda intensiva de energía y los subsidios estatales al consumo. En las regiones productoras de hidrocarburos, como los países de la ex Unión Soviética y los de Oriente Medio, se registra, además, una situación singular: los sostenidos aumentos de precios del barril de crudo han generado un auge económico que a su vez estimula la demanda energética.

Luego de contrastar ambas situaciones, la AIE concluye en su informe que en 2013 la demanda global de petróleo crecerá en un millón de barriles diarios, lo que marca un cambio de ritmo, considerando que para este año se anticipa un incremento de 800.000 b/d y en 2011 la expansión fue de 700.000 b/d. La cuestión resultaría particularmente preocupante (sobre todo, ante una escalada del conflicto occidental con Irán), si no fuera porque un trabajo reciente, elaborado en el Belfer Center de la Universidad de Harvard (Oil: The Next Revolution), contradice todas las profecías acerca de un futuro marcado por una creciente escasez de hidrocarburos.

El autor, Leonardo Maugeri, plantea que la producción petrolera mundial crecerá de los actuales 93 millones de b/d a 110 millones de b/d hacia el fin de la década, lo que representaría el mayor salto en la oferta desde los ’80. El razonamiento es sencillo: los altos precios del crudo han servido para financiar el desarrollo de nuevas tecnologías para la extracción de hidrocarburos de fuentes no convencionales, como el shale oil, las arenas bituminosas y los yacimientos de petróleos ultrapesados. Los beneficiarios de esta nueva ola productiva serán EE.UU., Canadá, Venezuela, Brasil y, potencialmente, la Argentina.

Por otro lado, aunque la región de Medio Oriente no aparece incluída en este fenómeno, el esperado regreso de Irak a la liga de los grandes exportadores completa el cuadro de optimismo. Claro que, para que esta ecuación funcione, los precios del crudo no deberían bajar del nivel de US$ 70 por barril. De otro modo, podrían frustrarse muchos de los actuales proyectos pioneros en el terreno de las nuevas tecnologías extractivas.

Claro que, según argumentan algunos expertos, la perspectiva de los US$ 70 por barril tendría un efecto potencialmente desestabilizante en los países miembros de la Opep, y el cartel podría deslizarse hacia posiciones conflictivas. Otra crítica a la visión optimista que emana del estudio apunta al supuesto de que, gracias a las nuevas fuentes (a las que hay que sumar el llamado tight oil, el petróleo proveniente de reservorios con baja porosidad y permeabilidad), EE.UU. podría llegar a convertirse en una economía con autosuficiencia energética o, más aún, en un exportador neto de hidrocarburos.

(De la edición impresa)

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