¿Dónde estás, financiamiento?

Las pymes, las más afectadas.

(Columna de opinión de Lucio Castro, firector del Programa de Integración Global y Desarrollo Productivo de CIPPEC -Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento-)

A pesar del rápido y sostenido crecimiento alcanzado luego de la crisis de 2001, la Argentina continúa teniendo un sector financiero pequeño y relativamente poco desarrollado. En la última década, el aumento de la inversión y el consumo no fueron acompañados de una expansión del crédito interno. La profundidad financiera, medida como el crédito local como porcentaje del PIB, es menos de la mitad que en el resto de América Latina (30% versus 65%), tres veces menor que en economías de ingreso por habitante similares y muy lejos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y del sudeste asiático. Al mismo tiempo, los depósitos del sector privado como porcentaje del producto se ubican por debajo del 20% y son, en su mayoría, de corto plazo, lo que limita las posibilidades de financiamiento en el largo plazo. El subdesarrollo financiero argentino se explica en gran medida por las ominosas y parcialmente perdurables consecuencias de la crisis financiera y cambiaria de 2002.

Pero hay otros factores asociados a este fenómeno, y que son igualmente importantes. Uno es el condicionamiento que nunca se solucionó tras el default: el de las dificultades para acceder al financiamiento externo. A pesar de los “amagos” que hubo con este tema luego de la reestructuración de la deuda, lo cierto es que en los últimos tiempos la posibilidad de que la Argentina pueda colocar títulos en mercados voluntarios a nivel internacional se volvió cada vez más lejana. El otro elemento clave con efectos negativos sobre la intermediación financiera es la tasa de inflación anual de dos dígitos, que hace que las colocaciones de los ahorristas en los bancos tengan un rendimiento real negativo y, por lo tanto, desincentivan la toma de fondos para créditos a largo plazo. Finalmente, el impuesto al cheque y, más recientemente, los controles cambiarios y de capitales conforman políticas que repercuten y agravan esta problemática.

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) son las más perjudicadas por el enanismo del sistema financiero argentino: de acuerdo con la Encuesta Empresarial del Banco Mundial de 2010 (WBES), el 40% de ellas apunta al acceso al financiamiento como el principal obstáculo a la inversión. Sólo un tercio de las pymes utiliza créditos bancarios para financiar sus inversiones y, en consecuencia, la reinversión de utilidades explica casi dos tercios del financiamiento de ese segmento de empresas. Este guarismo representa, nuevamente, un nivel muy bajo cuando se lo compara con otros países de la región o de similar desarrollo relativo que la Argentina. La escasa oferta de financiamiento afecta en particular a las pymes nuevas. La WBES indica que mientras el 60% de las empresas con diez o más años de historia acceden al crédito bancario, solamente un tercio de las compañías con un año o menos de existencia puede acceder al sistema financiero. En un contexto de alta tasa de mortalidad para los nuevos emprendimientos como la que hay en nuestro país, las dificultades de financiamiento presentan un aspecto muy crítico que debería revisarse con estrategias que apuntalen el sostén crediticio en la primera etapa de cada proyecto.

En la Argentina no existen estadísticas oficiales que permitan monitorear la evolución del nivel de acceso al financiamiento de empresas pequeñas, por lo que es necesario realizar estimaciones a partir de la información que emite el Banco Central para tramos de financiaciones. Tomando una definición amplia de pyme, se puede afirmar que alrededor de la cuarta parte de los préstamos otorgados corresponden a operaciones con este segmento. Ese monto contrasta con el aporte pyme al PIB argentino, que supera el 50%, según el consenso de economistas que investigan este segmento. Y de estos volúmenes de crédito para el sector, la mayoría es para sustentar el giro comercial de las empresas.

Estamos, entonces, en una situación en la cual la mayoría de los bancos no son afectos a prestar a las pymes, y en la que muchas de estas empresas no desean tomar financiamiento bancario. El total de financiaciones pymes entre los años 2002 y el año pasado creció en términos nominales pero no avanzó en su participación de alrededor del 25%. Las tasas de interés para pymes (32% TNA) duplican los niveles para empresas de primera línea (16%) y prácticamente triplican a la tasa de interés pasiva promedio (11%). Una medida de la distorsión en la atención crediticia a empresas en general por parte del sistema financiero argentino se puede observar con datos del Banco Central: el plazo promedio de los préstamos a las empresas es cercano a los dos años, mientras que los préstamos personales para consumo muestran un plazo promedio de cuatro años.

Dos encuestas recientes (BCRA, 2010 y OPYME, 2009) sugieren que los principales impedimentos al acceso al financiamiento de las pymes son la incertidumbre macroeconómica, los cambios impositivos recurrentes y los elevados costos regulatorios y transaccionales del sistema financiero argentino. Parafraseando al título de la película de Juan José Jusid de 1992, las pymes argentinas parecerían estar reclamando a gritos “¿Dónde estás, financiamiento, que no te puedo encontrar?”. Menos financiamiento significa menor crédito para la inversión, menos empleos de calidad y crecimiento para la Argentina. Así, resulta evidente que reconstruir el sistema financiero es un imperativo para el crecimiento con equidad en nuestro país.

(De la edición impresa)

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